Fracaso | Artículo de David Ordaz
Lo que debía ser un ejercicio de democratización judicial terminó como un acto de captura institucional.
Por David Ordaz
Lo dijimos la semana pasada, lo que mal empieza, mal acaba. Lo que empezó como una venganza de Andrés Manuel López Obrador por el desaire de Norma Piña en Querétaro, lo que inició como un capricho porque uno de los Poderes de la Unión no se ceñía a su voluntad, por la simple razón de “yo soy el pueblo”, ayer tuvo un choque con la realidad y dejó varias lecciones.
De las 602 millones, si millones de boletas impresas, de los 100 millones de electores llamados a votar, entre 12 y 13% lo hicieron. Más de 87 millones de personas decidieron no salir a votar por distintas razones, dejando claro que este experimento fue un completo fracaso.
Pero ¿cuáles son esas lecciones que nos deja esta elección?
Justo hace un año, Morena, su líder supremo y sus huestes fanáticas, celebraban más de 36 millones de votos, gubernaturas, presidencias municipales, etc, etc. Hoy, ni el acarreo, la compra de votos y el arrastre operativo estatal, pudieron con el abstencionismo ante un ejercicio mal planteado, mal organizado y mal ejecutado. Los números indican que la capacidad de movilización del partido oficial se va para abajo.
El desaseo, la repartición de acordeones, la inducción desde los canales oficiales del SPR y sus medios satélites, fueron elementos clave para este fracaso monumental que solo sirvió para que Morena y el gobierno se mostraran como son. “No somos iguales”. Por supuesto que no. Para muchas cosas resultaron peores.
Cientos de candidatos sin preparación, que llegaron por amiguismos, intereses y/o pago de compromisos, aparecieron en 9,10, 12 boletas. Ayer, la mayoría de los electores optaron por el “tin marin”.
Desde la narrativa oficial fue todo un éxito. Qué les queda decir. Sin embargo, el golpe de realidad pasó como un tren sin control y ni sacando de su escondite en Palenque al tlatoani tabasqueño para que fuera a votar, ni eso incentivó algo que nació muerto y solo confirmó el fracaso.
El sexenio pasado caminó en la máxima de Goebbels de que “una mentira repetida muchas veces se convierte en verdad”. Hoy ni para eso les alcanza.
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Lo único cierto es que 9 de cada 10 mexicanos decidieron no participar por desconfianza, la operación clientelar, de propaganda masiva y simulación, solo dejaron en claro que el proceso es complejo, opaco y sin garantías. Lo que debía ser un ejercicio de democratización judicial terminó como un acto de captura institucional.
La sensación es agridulce. Aunque la abstención es un indicador del rechazo al capricho del lopezobradorismo, la resaca del día después nos muestra que el Poder Judicial ya fue coptado por personajes de dudosa procedencia y reputación, algunos incluso delincuentes y defensores de narcotraficantes.
Hoy la justicia no se eligió: se impuso, pero lo hizo con una legitimidad rota desde el origen. Mal empezó, mal terminó. En una palabra, francasó.

