‘La imaginación nos acerca más a las realidades sociales’: Pau Luque |Video

El autor de ‘Las cosas como son y otras fantasías’, sostiene que cuando la política enfatiza los ideales no sale bien librada.

marzo 28, 2021 4:14 am Published by

Por Héctor González

 ¿Puede la imaginación ampliar nuestro espectro moral? ¿Una canción sobre asesinos seriales al estilo de Nick Cave o la historia de alguien como Humbert Humbert, el adulto protagonista de la provocadora novela Lolita, de Vladimir Nabokov, pueden enseñarnos algo sobre el mundo? En Las cosas como son y otras fantasías (Anagrama), el ensayista español y afincado en México, Pau Luque (Barcelona, 1989) retoma a Iris Murdoch para demostrar que la imaginación no solo amplía nuestros valores éticos sino que además, nos asoma a nuevas formas de conocer e interpretar el mundo.

Ganador del Premio Anagrama de Ensayo, el autor defiende a ultranza que si algo nos salvará es la imaginación y no los ideales políticos.

¿Cómo entiendes la moral?

Entiendo la moral como una serie de prácticas que existen en las sociedades y consisten en atribuir o juzgar los comportamientos de las personas. Esto se puede hacer con un lenguaje más rico o más pobre, yo prefiero lo primero. No me interesa reducir las cosas a “culpable” o “inocente”. A través del libro recojo también, las que llamo virtudes imperfectas como son la lealtad, la comprensión y sobre todo la imaginación.

¿En qué momento se toca la moral con la imaginación? En el libro partes de Nick Cave, Nabokov e Iris Murdoch como ejemplos.

Iris Murdoch tiene un libro muy lindo, La salvación por las palabras, donde condensa sus ideas de imaginación y moral. Ahí dice y lo suscribo, que la imaginación es una puerta de entrada al “otro”. Cuando imaginamos intentamos ponernos en el lugar de otras personas, existan o no. La vinculación moral consiste en dedicar nuestra actividad mental o literaria a explorar la existencia del “otro” y asumir que existen diversos puntos de vista y mentalidades. A partir de la imaginación podemos comprender mejor las inquietudes del otro.

Incluso cuando de antemano sabemos que se puede tratar de conductas inapropiadas y me refiero al análisis que haces de Lolita.

La interpretación que hago de esa novela es que a partir del ejercicio imaginativo nos permite entender cómo funcionan los mecanismos de poder y la mente de una persona que está en la parte fuerte de una relación asimétrica. Cuando Nabokov obliga al lector a imaginarse en el punto de vista de alguien perverso como es Humbert Humbert, lo que está haciendo en el fondo y de manera indirecta, es una denuncia moral del abuso de poder. Imaginar el punto de vista de las personas con poder nos permite entender cómo operan y protegernos mejor.

¿Esto conecta con los gobernantes que se asumen como líderes morales?

Sí, el presidente de México por ejemplo, usa una retórica que anteriores mandatarios no, aunque sí la practicaban. A diferencia de los anteriores, López Obrador enfatiza que él es una autoridad moral y lo hace de manera explícita, esto es lo verdaderamente nuevo porque lo cierto es que todos los líderes políticos lo hacen de manera implícita. Todos se erigen como un ejemplo público.

¿Esta retórica no se opone a la idea que manejas de la imaginación como una herramienta para ampliar el horizonte?

Depende de que cómo entiendas la moral. Si la pregunta de fondo es si López Obrador tiene mucha imaginación me parece que no. Insisto, todos los líderes políticos sostienen que lo correcto es lo que se ubica dentro de su universo moral. La particularidad del presidente mexicano está en lo que dice y no en lo que hace. Los anteriores no necesitaban o no querían hacerlo evidente.

En una parte del ensayo escribes: “No nos salvan quienes tienen ideales, sino quienes tienen imaginación”, es decir aquellos que ven más allá.

Algunos filósofos sostienen que cuando uno piensa en términos morales tiene dos opciones: ideales morales o la imaginación. En lo personal creo que cuando la política enfatiza tanto los ideales no sale bien librada porque se separa de las demandas sociales mundanas. Hay virtudes morales como la imaginación que están más cerca de las realidades sociales.

¿En qué sentido?

Un político que persigue un ideal abstracto ignora lo real. En cambio, la imaginación te ubica en la existencia de otras realidades y cuando atendemos esto somos más proclives a imaginarnos en el punto de vista de las cuestiones mundanas.

A propósito de esto haces una diferenciación entre fantasía e imaginación.

Ambas son maneras de fabular y lo que las distingue, según Iris Murdoch, es que la fantasía es una fabulación mediante la cual satisfacemos nuestros caprichos. Al hacerlo siempre somos los buenos de la película. La fantasía sistemáticamente nos hace sentir bien, en cambio en la imaginación no. Dado que nos colocamos en el lugar del otro, no somos siquiera los protagonistas. Iris Murdoch sostiene que en esa insatisfacción hay conocimiento moral. Mientras que la fantasía es una manera de huir del mundo para cumplir nuestros caprichos, la imaginación es una forma de conocerlo.

Y de confrontarlo…

El escritor catalán Sergi Pàmies dice que si uno va a usarse a sí mismo en una novela, lo mínimo que uno puede hacer es maltratarse. Según él, hacer literatura consiste en cuestionar aquello que se daba por sentado.

¿Dónde queda la autoficción?

No sé, es una especie de híbrido entre imaginación y confesión. Me he divertido mucho leyéndola. Siempre queda un enigma o al misterioso. Me gustan las crónicas confesionales pero ahora no me he metido mucho en eso. Creo que hay un morbo por hacer dudar al lector y eso genera adicción.

En cierta forma las redes sociales se han convertido en tribunales de lo moral, ¿no?

Las redes sociales no son un buen espacio de diálogo, debate e intercambio de ideas. Me parece que hay dinámicas que boicotean discusiones interesantes. Intento no tomármelas muy en serio, están bien para el humor, el ingenio y para visibilizar ciertas denuncias.

Aunque ahora por ahí atraviesa el diálogo político e intelectual. Cada vez son más los funcionarios que las usan para manifestar sus posturas.

El tuit de la mañana es agitación propagandística o marketing. Forma parte de la política pero no aporta realmente contenido. Mucha gente le tenía o tiene fe a estos espacios como algo serio e interesante, la verdad es que yo he visto muy poco de eso en Twitter.

Dices que están bien para el humor, pero también para cierto tipo de humor.

Hay muchas maneras de entender la corrección política. No creo que sea necesario hacer un drama con algunas exigencias. En lo personal no me parece mal que ciertos comentarios homófobos o racistas sean sancionados, al contrario. No quiero decir tampoco que se deba prohibir cierto tipo de humor, pero sí puede estar sujeto a la crítica como lo está todo. Yo veo en las redes sociales que todo mundo dice lo que quiere y hay una anarquía absoluta. Si eso es lo peor que puede pasar está bien, lo prefiero a la Santa Inquisición Española.

¿Ves posible que este tipo de juicios afecten el discurso del arte?

Me parece improbable. La historia de las ideas es una rueda de la fortuna. En una época se imponen unas y más adelante otras.  Me parece más grave el discurso de gente que durante años ha sido reaccionaria y ahora se viste de liberal.

Casi al final del ensayo citas al futbolista chileno Carlos Caszely, quien dijo: no tengo porque estar de acuerdo con lo que pienso, ¿te ha pasado?

Todo el rato. Concibo al género ensayístico como algo inacabado y que nunca cierra una conversación. En efecto, dudo de varias cosas formas que digo en el libro y sí, en el fondo soy como Carlos Caszely. Judith Shklar, la filósofa, decía que a los escépticos se les puede acusar de muchas cosas, pero no de fanatismo, lo cual no es poco aunque tampoco mucho. Me parece significativo que tener una actitud escéptica ante lo que pensamos pueda ser un antídoto contra el fanatismo.

 

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