‘De cuando en cuando la literatura tiende a estandarizarse’: Mario Bellatin
El escritor y exfuncionario recuerda que tras su salida del FONCA en 2019 advirtió que el organismo necesitaba refundarse.
Por Héctor González
Mario Bellatin (1960) ha pasado casi toda la pandemia en su casa y estudio. Tras dirigir el FONCA entre 2018 y marzo de 2019, el escritor recuerda aquel tiempo como confuso e intenso. No obstante, hoy más relajado volvió a dedicarse de lleno a la literatura. Tan solo en 2020 y en medio del confinamiento publicó en editoriales sudamericanas El libro, la mola, el monstruo; Ojos flotantes, mojados, limpios y El palacio, éste último ahora circula en México bajo el sello Sexto Piso.
“Quizá es una pretensión utópica, pero pretendo que mi obra se lea como un solo libro”, dice Bellatin en entrevista. Incluso, advierte el ganador de premios como el Xavier Villaurrutia y el Iberoamericano de Letras José Donoso, que su paso por el sector público fue un eslabón más dentro de su propio proceso como artista.
El palacio como la mayoría de tu obra dialoga con tus libros anteriores, ¿por qué?
A lo largo de la pandemia he publicado varios libros, algunos en sellos independientes de Argentina y Chile. Creo que cada título, como sucede en otras artes, es parte de un proceso de trabajo más amplio. Ahora estoy escribiendo un texto muy extenso y donde volveré a cosas ya vistas pero desde una perspectiva y contexto distinto.
¿Al final uno escribe el mismo libro?
No sé si les suceda a todos los autores, pero para mí es evidente. Cuando publiqué el primer volumen de mi Obra reunida en Alfaguara, advertí que con algunos recursos narrativos todos los títulos podrían leerse como un solo libro. Entre los textos había pasadizos que los comunicaban y al final solo cambiaba la trama que, por otro lado, para mi no es tan importante. Quizá es una pretensión utópica pero sí pretendo que mi obra se lea como un solo libro.
Entonces la porosidad de tu obra es premeditada.
No escribo de manera lineal. Siempre trabajo sobre distintos proyectos interconectados. Cuando siento que uno está terminado solo lo edito. La gran pregunta por debajo de esto es ¿por qué las variaciones en la literatura no han sido reivindicadas como sucede en la música? Por buscar la novedad dejamos de valorar la escritura por sí misma. No creo tanto en la imaginación o en lo nuevo. Mi literatura parte de la escritura no de un tema pendiente.
¿Pero no es la escritura en principio un ejercicio de imaginación?
Sí, pero me refiero a la imaginación del tipo romántico. Para mí es un impulso de trabajo o una pulsión pre racional que me lleva a intentar dejar una especie de huella. Sigo usando una máquina de escribir de 1915; escribo muchas notas en el teléfono. La imaginación está ligada al impulso que me tiene trabajando desde hace más de cincuenta años sin parar.
¿El uso de la máquina de 1915 es por un rito o cábala?
No, pasa por un estado previo o… tal vez sí es una suerte de rito, pero no premeditado. Al trabajar en la máquina de escribir siento que interviene todo el cuerpo. Me imagino como un pianista cuyo instrumento está hecho de madera, el teclado de una computadora me parece poco interesante. Necesito el olor a tinta, el sonido de las teclas y lo artesanal de la propia máquina. Durante una época solo escribí en computadora y es verdad que era más eficiente, pero a la vez me parecía menos interesante.
En lo que llevamos de entrevista has hecho dos analogías con la música. ¿Concibes cada libro como una especie de suite de una obra completa?
Sí, puedo verlo así. Cada libro es una búsqueda de acordes y variables. Hace poco hablé con dos compositores de música contemporánea e intentaba buscar los puntos de quiebre. Las variaciones están consideradas como unos de los picos más altos para un compositor porque no es una repetición y en la literatura a veces se les menosprecia. Se suele ligar la imaginación a contar cosas nuevas y para mí es distinto. Para mí la escritura está más cercana a la concepción primigenia del arte y la libertad. De cuando en cuando la literatura tiende a estandarizarse y a mí me interesa construir mensajes propios.
¿Te ves como un escapista?
Desde los nueve años trato de huir de la estandarización. No se de dónde viene ni a dónde va, pero procuro crear una escritura que siga un camino y diálogo con el lector.
Uno de los libros con los que dialoga El palacio, es Salón de belleza, una de tus primeras novelas y donde hablas de la enfermedad como ente o peste. ¿A partir de la pandemia ha cambiado tu relación con esa obra?
Escribí Salón de belleza en 1995 o 96. De alguna manera el tiempo actual le dio una segunda vuelta. Cuando escribí sobre la peste o el encierro sin nombrarlo de manera explícita me refería al carácter cíclico de estos fenómenos. Es verdad que con el coronavirus el mundo se volvió a sumir en esta idea, aunque por otra parte nos hermanó pues nos hizo ver que como humanidad somos una sola. Precisamente por esto El palacio abre un diálogo con Salón de belleza. La perspectiva histórica nos aporta una nueva dimensión. No tengo nada contra los diarios de la peste, pero creo que estandarizan el fenómeno y lo vuelven repetitivo.
Seguramente veremos un subgénero literario a partir la pandemia.
Me gustaría que no, pero es verdad que se avecina un fenómeno como en su momento fue la narconovela.
Ahora que hablas de perspectiva. ¿Valió la pena tu paso por el FONCA?
¡Ah! Sí, por supuesto. Desde el principio dije que para mi era como una obra más. Entré, miré y descubrí cosas. Trabajé mucho en la parte jurídica porque era un lugar sin sustento. Los artistas, funcionarios, todo era un engaño basado en usos y costumbres. Algo muy endeble. Creo que ahora empieza a tener un marco jurídico y reglas claras. Yo lo viví como un periodo de mucha confusión. Renuncié por razones médicas. Sin duda fue una experiencia interesante. Antes de irme advertí que necesitaba refundarse y creo que es lo que está sucediendo.
¿Perdiste muchos amigos por tu gestión?
No sé. Si los perdí es porque no eran mis amigos. Por otro lado, vi muchas cosas que no me gustaron de gente por la que sentía admiración.
Por ejemplo…
Básicamente descubrí que estaba construido con palitos. Sin un marco jurídico y a partir de ahí había excesos. Nunca estuve en contra de las becas, al contrario. Solo quería que se apegaran a reglas más objetivas.
¿El cambio con los fideicomisos te parece acertado?
Ya no estoy tan cerca. A partir de la pandemia me encerré con mis libros.
¿Volverías al servicio público?
No creo, ahora estoy en mi casa y en mi estudio trabajando. Solo trabajé fuera cuando dirigí por tres años el área de letras del Claustro de Sor Juana, luego estuve en la Escuela Dinámica de Escritores y dos meses en el FONCA. Si lo ves como parte de mis sesenta años, en realidad he salido poco.