Cine: ‘Ruido’, de Natalia Beristáin, un grito de feminismo y sororidad ante la desesperanza
En su tercer largometraje como directora, la cineasta mexicana Natalia Beristáin construye una historia sobre feminismo y sororidad como la mejor defensa ante un México feminicida y aterrador.
Por Arturo Magaña Arce @arturhd
Julia lleva nueve meses con el corazón fragmentado. Ger, su hija, lleva todo ese tiempo desaparecida. Ante el abandono y la indolencia de las autoridades, y con apenas un video en su celular como recuerdo de esa sonrisa que anhela reencontrar, a Julia, la angustia y la desesperanza la carcomen por dentro y ya no la dejan respirar. Pero ella no está sola. Así se lo expresan cientos de mujeres que están a su lado; quienes, aún sin conocerla, sostienen su mano, la abrazan, luchan con ella, comparten su dolor… y también su valentía.
El cine mexicano, como un doloroso reflejo de su tiempo, se ha llenado de las mujeres más valientes que nuestra historia fílmica ha podido retratar. En un país donde, en el último año, se asesinaron a 10 mujeres al día –según datos publicados en 2021 por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP)–, nuestra pantalla se ha llenado de historias –de ficción y documental– sobre esas madres de familia que, con más ímpetu que desesperanza, no dejan de luchar por recuperar a sus desaparecidos.
Tras contarnos los estragos de la soledad –en su ópera prima No quiero dormir sola (2012)– y presentarnos un retrato feminista y trasgresor –en Los adioses (2017)–, Natalia Beristáin enmarca en Ruido, su tercer largometraje, el retrato más doloroso a la fecha en su filmografía: el de una madre en busca de su hija desaparecida.
El filme es protagonizado por Julieta Egurrola, célebre actriz del cine mexicano y, antes que todo, su madre. “Y no pudo haber sido de otra forma con una película así”, explica la egresada del Centro de Capacitación Cinematográfica.
“Mi madre es una bestia de la actuación, y como directora, para mí, es un honor y un gozo poder bordar un personaje con alguien como ella; con esa trayectoria y su sensibilidad. Más si a eso le sumas que nos conocemos como probablemente jamás conoceré a un actor o una actriz. Hoy he ido entendiendo que el impulso vital de la película, –aunque está narrando una historia de terror–, es justamente el amor familiar, el acto de cobijar y proteger, buscar a los tuyos y a las tuyas. Y ese impulso en este caso está permeado por una hija dirigiendo a su madre”, dice Beristáin de Egurrola.
Sororidad ante la adversidad
Natalia Beristáin mira a un grupo de buscadoras con una mezcla de melancolía y gran admiración. Ellas mueven la tierra, y dejan en cada escarbada una tonelada de esperanza y un pedazo de su corazón. Hay días buenos; otros, no tanto. A veces el dolor será más grande que la alegría, pero nunca superior al amor. Y cuando más lo necesitan, estas mujeres toman una pausa para recargar su valentía. Es hora de comer; es tiempo de compartir un poquito de alegría. Se vale reír para sanar; se necesita sonreír para sobrevivir.
“Ese ejercicio me pareció poderosísimo”, recuerda la cineasta, a unos días de estrenar Ruido en el Festival Internacional de Cine de Morelia.
Si perdemos esa capacidad de conexión, de gozo, de relajación, de baile y de risa, entonces ahí sí ya perdimos todo. Ahí sí ya no hay futuro.
La cineasta agrega: “Para mí, esa es la enseñanza más grande que me dejaron estas madres rastreadoras: entender que, junto con la lucha por la memoria, la justicia, la verdad y junto con el dolor, también existe la posibilidad de gozo y de hermanarnos. También de espejearnos con el otro y ahí encontrar una posibilidad de esperanza. En un país donde parece que todas y todos somos hijos de Pedro Páramo –donde hay una figura gigante del padre ausente–, sí creo que hay una apuesta política de Ruido al nombrar y al poner en primer plano a las mujeres que sostienen el tejido social de este país”.
Filmada en San Luis Potosí y escrita junto a Alo Valenzuela (El comediante) y el periodista Diego Enrique Osorno (La evaluación), Natalia Beristáin califica a Ruido como el reto más grande de su filmografía a la fecha. “Es probablemente el proyecto más cabrón al que me he enfrentado hasta ahora”, afirma con seriedad. “Pero el resultado me llena de alegría y de orgullo”, agrega con una enorme sonrisa.
Ruido forma parte de la selección oficial del Festival Internacional de Cine de Morelia en su vigésima edición; un evento que, por primera vez en dos décadas de vida, tiene una categoría de largometrajes de ficción dirigidos en su mayoría por mujeres.
“Eso está bien chingón”, califica Natalia Beristáin con emoción.
“El FICM ha dejado claro que para ellos no se trata de una cuestión de género, y creo que lo que sucede este año responde a lo que está pasando en el mundo. El festival, sin pretenderlo o sin buscarlo, ha fomentado a través de sus 20 años, el impulsar el trabajo de las nuevas generaciones de cineastas de este país. Que hoy, dos décadas después, tengamos ocho de diez largometrajes de ficción dirigidos por mujeres, es el resultado de esa semilla que se ha ido germinando”.
Aquí la entrevista completa con Natalia Beristáin:




