Waldo Leyva y la insondable sencillez poética | Artículo
El 16 de mayo Waldo Leyva cumplió 78 años, mismo día en que en 1917 nació Juan Rulfo, 25 años antes, y dos días antes de la muerte de José Martí, en 1895.
Julio Moguel
I
Waldo Leyva es uno de los poetas más reconocidos en Cuba, desde 1974, cuando empezó sus andares en la materia. Desde entonces su producción en ese género no ha dejado de fluir, en un buen número de piezas que han iluminado el espacio de la Isla, pero también el de Latinoamérica y el de otras latitudes del planeta.
El pasado 16 de mayo cumplió 78 años, mismo día en que en 1917 nació Juan Rulfo, 25 años antes, y dos días antes de la muerte de José Martí, acaecida en 1985. Los astrólogos nos dirán si dicha sincronía tiene algún sentido o es mera casualidad. Pero sirve en este artículo para establecer un referente, sin pretensiones comparativas, de lo que identifica de alguna manera la poética de esos personajes que hemos elegido para hablar de lo que Eliseo Diego calificó como “la insondable sencillez”.
Ya hemos hablado de Rulfo en el artículo anterior, por lo que ahora nos centraremos en la poética de Leyva, haciendo sólo un apuntamiento de lo que nos parece pertinente en torno a la poética de José Martí.
Nos dice en un punto preciso el eterno Eliseo Diego en uno de sus ensayos:
[Martí] supone que la poesía no es una construcción ingeniosa de la inteligencia, sino un acto fundamental o necesario del ser; [de] un saber [que emerge] desde el centro de la vida, un saber de comunión con las criaturas, un saber de participación […] un saber desde el ser […]
Y de allí la capacidad de Martí de escribir poesía desde “la insondable sencillez”. ¿Quién no conoce, y canta una y otra vez partes de sus “Versos sencillos”?
Yo soy un hombre sincero
de donde crece la palma,
y antes de morirme quiero
echar mis versos del alma.
Yo vengo de todas partes
y hacia todas partes voy:
arte soy entre las artes:
en los montes, monte soy.
Yo sé los nombres extraños
de las yerbas y las flores,
y de mortales engaños,
y de sublimes dolores.
Yo he visto en la noche oscura
llover sobre mi cabeza
los rayos de lumbre pura
de la divina belleza.
Alas nacer vi en los hombros
de las mujeres hermosas:
y salir de los escombros,
volando las mariposas.
[…]
La idea poética del hombre-palma o la del hombre-monte establece aquí una relación tan mágica e iluminadora que se funde con la idea de un ser humano ligado esencialmente a la naturaleza, pero también a un “todos” de los seres en rebeldía que son al mismo tiempo el “Yo” con el que se inicia el poema. Y si el hombre del que habla viene de “todas partes” y a “todas partes” va, entonces, –nos dice Diego–, el ser humano se convierte en “infinita posibilidad” y participa así en la universalidad del “Yo” con el que inicia el poema.
Para marcar por otro lado, el mismo Diego, una de las cualidades que identifican la poética moderna:
No hay aquí voluta ni cardo dorado, recoveco de pasta roja, redundancia alguna. ¡Tanta sencillez escapa, inaprensible exhalación, al siglo XIX! Las páginas, pequeñas y esbeltas como los propios poemas, deja los márgenes que amaba Martí…los blancos de la respiración, el espacio para las resonancias.
(Rulfo llega aquí a nuestra memoria con plena naturalidad).
¿Y han leído –o escuchado– de Leyva, por ejemplo, “Hoy hicimos el amor como fantasmas”? ¡Tantos poemas suyos que aquí quisiera mencionar!
II
Decíamos que en esta sincronía poética del mes de mayo, en la que los astros se alinean para juntar a Martí, a Rulfo o a Leyva, no nos interesaba más que encontrar entre ellos la belleza posible de esa maravillosa “insondable sencillez”, que muestra sin duda que el origen del lenguaje no es la prosa. El mundo se ilumina primero, antes del habla prosística, con el habla poética, que en esa “insondable sencillez” es ritmo más que rima.
Sobre ello nos ilustra en otra parte, preciso, el propio Eliseo Diego:
Cuando hablo de ritmo no me refiero, claro está, a lo que, en perspectiva, se llama “métrica”; la confusión de estos conceptos explica el horror que ha precipitado y precipita a tantos en el desarrollo del verso prosaico y aun de la prosa. Olvidando que aun la prosa ha de tener su propio ritmo. La explicación para mí, de este último hecho, es que la prosa procede del verso, y el verso fue en un principio rítmico, a fin de que fuese posible retener en la memoria las anales y la sabiduría de la horda.
III
Conocí a Waldo Leyva hace ya mucho tiempo, y hay un poema que me entregó desde entonces algunas de esas claves de la “insondable sencillez” de la poesía, antes de leer a Diego.
Una de esas piezas poéticas de Waldo me dio algunas de esas claves. Quisiera reproducirla en este texto. Dedicado a Margarita, su mujer, se titula “Definitivamente jueves”:
Quiero que el veintiuno de agosto
del año de dos mil diez, a las seis de la tarde como es hoy,
pases desnuda atravesando el cuarto y preguntes por mí.
Si estoy, pregunta, y si no existo,
o me he extraviado en algún otro lugar de la casa,
de la ciudad, del mundo, pregunta igual, alguien responderá.
El primero de enero del año dos mil uno será lunes
pero el veintiuno de agosto de la fecha indicada
tiene que ser definitivamente jueves
y el calor, como hoy, agotará las ganas de vivir.
Las calles serán las mismas para entonces,
los flamboyanes de efe y trece seguirán floreciendo,
muchos amigos no estarán
y el tiempo habrá pasado por la historia de la casa,
de la ciudad, de mi país, del mundo.
Quiero que el veintiuno de agosto, al despertar,
prepares la piel,
el corazón,
las ganas de vivir.
Hoy, cuando prefiguremos nuestra propia fantasía, tendremos que hablar o pensar en fechas futuras. Pero queda, del poema, que el día indicado, para quienes seguimos a Waldo, definitivamente será jueves.
IV
A Waldo Leyva hay que seguirle las pistas. Diplomático y catedrático, conoce a México y a su literatura como la palma de su mano. Y no está por demás decir aquí que también es pintor, y de los buenos.
Entre otros de sus reconocimientos se encuentra el Premio Casa de América de Poesía Americana, en 2010, y el Premio internacional de Poesía Víctor Valera Mora, en 2012. Inagotable en su producción poética, el próximo septiembre recibirá un homenaje especial en el Festival Internacional Primavera de Lima.
Waldo Leyva es, sin duda, como dice otro conocido poeta, uno de los imprescindibles.
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