Los recuerdos de nuestra primera infancia podrían no haberse borrado

El hipocampo, una estructura del cerebro, resulta fundamental para la memoria y el aprendizaje.

marzo 23, 2025 1:30 am Published by

Por Julio García G. / Periodista de Ciencia

En uno de sus cuentos más representativos, “Funes el memorioso”, el escritor argentino Jorge Luis Borges (1899-1986) plantea la posibilidad de que existan personas, como Funes, que posean una memoria infinita y que, por ello, sean capaces de recordar absolutamente todas sus experiencias, tanto las buenas como las malas.

Aunque evidentemente esto es imposible que suceda fuera del maravilloso universo de ficción creado por Borges (la capacidad de memorizar de los seres humanos es finita y gracias al olvido podemos seguir recordando nuevos hechos y experiencias), “Funes el memorioso” nos invita a reflexionar en torno a la capacidad que poseemos para recodar a través del tiempo y de la vida, donde algunos episodios de esta última quedan plasmados para siempre, sobre todo cuando somos adultos.

Ahora bien, ¿por qué las memorias de nuestra primera infancia, de nuestra niñez más temprana, están casi siempre relegadas, desaparecen, y no las recordamos?

Esto se debe a un fenómeno -documentado por la ciencia- llamado amnesia infantil en el cual los adultos no podemos recordar eventos de nuestra infancia temprana (antes de los 3 o 4 años) debido a factores tales como el desarrollo del cerebro y la adquisición del lenguaje.

No obstante, y de acuerdo con un nuevo estudio publicado en la revista Science, la amnesia infantil probablemente se deba, más bien, a la dificultad para evocar recuerdos, en lugar de a su creación.

El escritor argentino, Jorge Luis Borges, en 1951. Imagen: Wikimedia Commons

El responsable de que suceda esto es el hipocampo, una estructura del cerebro que resulta fundamental para la memoria y el aprendizaje.

Sin el hipocampo, seguramente no podríamos aprender ni recordar absolutamente nada ya que su presencia está relacionada también con la formación, organización y recuperación de los recuerdos.

Y, lo que reveló este nuevo trabajo de investigación, encabezado por Tristan Yates de la Universidad de Columbia (Estados Unidos), es que los recuerdos podrían seguir presentes en la edad adulta, pero, por alguna razón que todavía se desconoce del todo, no podemos acceder a ellos.

Para llegar a esta conclusión, tanto Yates como sus colegas utilizaron imágenes por resonancia magnética funcional (fMRI, por sus siglas en inglés) con la finalidad de escanear los cerebros de 26 niños de entre 4 meses y 2 años.

El hipocampo. Imagen: NHSC/USA.

Posteriormente, midieron la actividad del hipocampo mientras los niños veían una imagen de una nueva cara, objeto o escena durante 2 segundos. Luego, se les mostró la misma imagen, nuevamente, aproximadamente un minuto después.

Así, pudieron descubrir que, cuanto mayor era la actividad del hipocampo en el momento en el que bebé observaba una imagen nueva, más tiempo la observaba al volvérsela a mostrar.

Y, debido a que se cree que los bebés tienden a pasar más tiempo observando objetos familiares, el resultado del experimento sugiere que recordaban lo que habían visto.

Además, los científicos pudieron observar que la actividad de codificación más fuerte se producía en la parte posterior del hipocampo: el área más ligada con la evolución de la memoria en adultos.

Al respecto, en una entrevista para el portal de internet de la revista Nature, uno de los co-autores del estudio, Nick Turk-Browne, psicólogo cognitivo de la Universidad de Yale, mencionó que “lo que muestra este estudio es una prueba de concepto de que [en edades tempranas] existe la capacidad de codificación”.

Foto: Archivo Pexels

Y añade: “aunque observamos esto en todos los bebés de nuestro estudio, la señal fue más fuerte en aquellos mayores de 12 meses, lo que sugiere una especie de trayectoria de desarrollo de la capacidad del hipocampo para codificar recuerdos individuales”.

Esto significa que, desde edades tan tempranas, el hipocampo ya es capaz de codificar recuerdos.

Además, la poca capacidad que tenemos los adultos para recordar los acontecimientos de nuestros primeros años de vida parece deberse a un problema que está más relacionado con un tema de memoria, es decir, que esto podría estar causado, como dice el propio Turk-Browne por la “falta de coincidencia entre cómo se almacenó inicialmente el recuerdo y las señales de recuperación o los términos de búsqueda que utiliza el cerebro para intentar volver al recuerdo”.

En otras palabras, todo apunta que el hipocampo crea recuerdos desde la primera infancia, pero, éstos son tan débiles que, por esta razón, es difícil acceder a ellos en la edad adulta. Sin embargo, los recuerdos ahí están y continúan archivados. El problema es, justamente, acceder a ellos.

Foto: Pexels

Ahora bien, el hecho de que no podamos acceder a ellos podría deberse a que, quizá, conforme nos hacemos mayores, la forma de codificar nuevos recuerdos cambia.

Además, también es posible que -en la medida que crecemos- nuestro cerebro está cada vez más pendiente de recordar aquellos aspectos relacionados con nuevas experiencias por un asunto de adaptación: con cómo lidiar con la complejidad del mundo que nos rodea.

Por otro lado, algo que científicamente también respaldaría el hecho de que nuestros recuerdos de la infancia perduran en la edad adulta, aunque ya no los podamos recordar, es un estudio publicado en 2016. En éste, un equipo de neurocientíficos utilizó una técnica denominada optogenética con el fin de activar las neuronas que codifican los recuerdos infantiles en ratas adultas. Así, pudieron demostrar que en dichos animales éstos aún existen.

Desafortunadamente -y debido a las limitaciones de la tecnología actual- es imposible realizar este tipo de experimentos en humanos debido a que serían muy invasivos.

Lo que sí podría suceder es que, en el futuro, no sabemos cuándo, se desarrolle alguna técnica para acceder a estos recuerdos. De ser así, permitiría asomarnos a nuestro pasado y quizá convertirnos, un poco, en el “Funes el memorioso” del cuento de Borges.

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