La dimensión poética del Proyecto Manhattan |Reseña

La escritora Elisa Díaz Castelo retoma el origen de la bomba nuclear desde una perspectiva ética, científica y de género.

abril 22, 2021 4:03 am Published by

Por Héctor González

Entre 1942 y 1946 los gobiernos de Estados Unidos, Gran Bretaña y Canadá pusieron en marcha el Proyecto Manhattan. La finalidad era clara: dar por terminada la Segunda Guerra Mundial por medio de la energía nuclear. El encargado del diseño de las bombas fue el físico Robert Oppenheimer. A la cabeza del Laboratorio de Los Álamos ubicado en Nuevo México protagonizó un episodio que supuso un punto y aparte en la historia. Nada volvió a ser igual.

En su libro La salvación por las palabras, Iris Murdoch escribe: “La imaginación, a diferencia de la fantasía es la capacidad de ver lo otro, eso que podría llamar, por usar palabras pasadas de moda, la naturaleza, la realidad, el mundo (…) La imaginación es una especie de libertad, la capacidad renovada de percibir y expresar la verdad”. Para la filósofa irlandesa la literatura es el arte mayor, incluso sobre la música por muy discutible que esto parezca, justo porque nos coloca en los zapatos del otro. No para juzgarlo sino para comprenderlo y de paso ampliar nuestro horizonte moral.

¿A qué viene todo esto? En principio a intentar de poner en su justa dimensión Proyecto Manhattan (Antílope), el nuevo poemario de Elisa Díaz Castelo (Ciudad de México, 1986).

Con recursos del teatro, la escritora propone el siguiente elenco: Robert Oppenheimer, constructor principal de la bomba atómica. Kitty Oppenheimer, bióloga, esposa de Robert y mujer con una vida compleja por decir lo menos. Jean Tatlock, psiquiatra y comunista. Un pequeño detalle, mantuvo una relación en secreto con Robert. Las mujeres de Oak Ridge, el grupo de jóvenes que trabajaron en la construcción de la bomba sin saberlo. Por último, Leona Woods, la única científica involucrada en la construcción y el funcionamiento del reactor nuclear en Chicago.

El verdadero conflicto

No nos vayamos con la finta. Si hay algo que evita Elisa Díaz Castelo es una justiciera evocación histórico-poética. Si se apoya en la dramaturgia es para darles complejidad y dimensión a sus personajes. A través de él y ellas, profundiza en conflictos éticos, tecnológicos y de género. ¿Cómo estar orgulloso de un invento que terminará con la vida de millones de personas? ¿Todo invento científico es plausible? Son preguntas que sobrevuelan alrededor de Robert Oppenheimer.

¿Cómo no hacer nada cuando sabes que tu pareja trabaja en un proyecto que tendrá consecuencias fatales?, es una de las dudas cuya respuesta Kitty intenta encontrar en un vaso de alcohol. “Afuera de la casa prefabricada en la que vivo,/ mi esposo recita ecuaciones a las montañas./ Sabe de memoria todo lo que he olvidado/ y al llegar a casa toma el cigarrillo/ que dejé encendido entre mis dedos/ y me lleva a la cama y me besa la frente”, escribe Díaz Castelo.

Cuando Jean Tatlock confronta al científico en realidad se confronta a sí misma, su razón de ser y sus principios. “Le pedí a Robert que me hablara de la bomba. Eso es traición, me dijo. Y yo le contesté, todo esto lo es, en más sentidos que uno. Fue la última noche”, leemos.

Sobre las mujeres de Oak Ridge qué decir. Peones, jóvenes utilizadas e invisibilizadas. Mano de obra funcional: “Podemos entrenarlas para lo que necesitamos, pero no podemos decirles qué estarán haciendo”, les advierten.

Lona Woods es en cambio, quizá la más empática con el inventor de la bomba. Su pasión por la energía nuclear o mejor dicho por su disciplina es incluso mayor que la maternidad. “Mientras en tanto, del otro lado de mi vida,/ mi hijo aprendía a nombrar mi ausencia”, en dos versos resuena una voz que confronta la vida personal con la profesional.

Casi ochenta años después del Proyecto Manhattan es difícil estar de acuerdo con el uso de la bomba nuclear. Sin embargo, los problemas y las preguntas planteadas por la poeta están tan vivas ahora como entonces. Elisa Díaz Castelo consigue no solo nos ponerse en los zapatos de un conjunto de personajes de mediados del siglo pasado, produce también y tal vez sea esto lo más importante, una explosión personal que nos lleva a replantear nuestro lugar y sus efectos dentro de los pequeños mundos que habitamos.

* Elisa Díaz Castelo. Proyecto Manhattan. Ediciones Antílope. 101 pp.

 

 

 

 

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