Salah Elmur, el artista que hace sublime lo habitual

El pintor sudanés visita por primera vez México para presentar “The land of the sun”, una muestra que se puede visitar en la Galería Mariane Ibrahim.

febrero 20, 2025 11:23 am Published by

Estefania Ibañez

Es la primera vez que el artista Salah Elmur (Jartum, Sudán, 1966) expone en la Ciudad de México y es la primera vez que estoy frente a su obra. La experiencia es única, conmovedora, diferente, porque conozco la honestidad de sus trazos y la sensibilidad de un pintor que ve lo que otros no ven: belleza en la cotidianidad.

Me encuentro en el patio de Galería Mariane Ibrahim, recinto que alberga hasta el tres de mayo su muestra The land of the sun y me sumerjo en una atmósfera ecléctica. Por un lado, el sitio preserva su esencia europea, y por otro, se hace notar un estilo moderno capitalino que no discrimina a la naturaleza, pues, por lo menos esta área, está rodeada de árboles que dibujan un paisaje verde poco convencional en la alcaldía Cuauhtémoc.

Me incorporo a un discreto grupo de espectadores y frente a nosotros está Marisol Rodríguez, directora curatorial del lugar que conforma una trilogía de espacios —también tiene sede en Chicago, Estados Unidos y en París, Francia—, y nos platica que el sitio promueve, aunque no únicamente, el arte de la diáspora africana.

Marisol nos habla del texto del curador y editor francotunecino, Morad Montazami, que es clave para conocer el universo de la exhibición con la que Salah también se estrena en Latinoamérica, al tiempo que nos invita a subir al siguiente piso para conocer las seis salas donde se exponen las once piezas y a las que se puede acceder de forma gratuita de martes (11:00 am – 18:00 horas) a sábado (11:00 am – 16:00 horas).

 El eco de cuatro imágenes

Esta zona en especial es pacífica. El largo pasillo que conecta a todas las salas es acogedor. Con lámparas blancas colgantes, una pared completamente amarilla y otra de ventanales rectangulares, el área se mantiene perfectamente alumbrada.

En este punto de partida se encuentra sentado en una banca de madera Salah y lleva puesto un sombrero gris con franja marrón, bufanda a cuadros negros y grises, chaqueta negra, suéter rojizo, pantalón verde y tenis grises. El artista —que desde hace décadas encontró en El Cairo, Egipto un hogar y un cómplice para crear— sonríe y se levanta. Bromea con que el viaje pictórico se realice en español, aunque el idioma que utiliza para comunicarse es el inglés.

Es verdad que The land of the sun no puede encasillarse en un estilo, pero destaca por la preferencia de rostros serios, nostálgicos e iluminados, además por poseer pinceladas con cierta abstracción, cuya influencia está marcada por la Escuela de Jartum y “los movimientos modernistas dentro de las diásporas africanas y árabes”.

Esta colección tiene una particularidad, Marisol afirma que su “hilo conductor” son los muros. Pero no cualquiera, sino de los muros del Sudán que vio crecer al artista, ese país al que retornó para nutrirse de su cotidianidad, refrescar los recuerdos de su niñez y cristalizarlos en estas pinturas que recrean a pescadores, pasatiempos de la infancia, la influencia política y el vínculo entre humanos y animales.

Esa conexión animalística se percibe en “The Road to The Fish Market”, una de las piezas centrales y singulares por la ternura que transmite. En ella, expresa la curadora, “vemos esta procesión de los pescadores que acaban de pescar en el Río Nilo y que están llevando su pesca al mercado”. A pesar de que es una situación común, en el pintor evidencia respeto entre los humanos y los pescados, porque no los transportan como mercancías, sino como “seres” a los que cuidan y veneran.

Para la curadora es importante aclarar que hay imágenes que pueden identificarse con el surrealismo, sólo que ese no es el objetivo de Salah, es parte de su reconocimiento familiar, pues su padre poseía un estudio fotográfico y le legó imágenes impresas y otras con algunas erratas: “Van a ver con frecuencia estas dos caras o fragmentos de caras, como si la cara se desdoblara. Es realmente una referencia a esas fotografías y a esa herencia audiovisual que él desarrolla en su obra en distintos formatos”, dice.

La curiosidad por todo lo habitual el artista lo refleja en situaciones de sensualidad o inevitables, como explica Marisol, en un “díptico que es la vida y la muerte”. La imagen “Wall of Life” (arriba) muestra a una mujer desnuda en su habitación. La postura de ella alude a que detrás de los muros la intimidad transcurre en total libertad; mientras que “Farewell Wall” (abajo) se ve a un hombre afligido que observa los cuerpos de dos personas fallecidas. Es un homenaje al proceso de duelo y a las emociones que surgen al experimentarlo.

“The Old Flag Wall” es una pieza en la que el pasado y el presente se amalgaman. En ella existe un discurso con las sombras: aparecen una niña y un hombre de semblante melancólico que porta en la mano la antigua bandera de Sudán, y al fondo, un muro con puños azules, los cuales figuran la revolución.

Su relación con los animales

En esta etapa del recorrido Salah interviene para reconocer que es admirador del trabajo del muralista Diego Rivera, incluso entre su visión y la del mexicano existe similitud, puesto que los dos, a su manera, revelan un diálogo revolucionario.

La charla poco a poco se torna más cercana. Sin mucha compañía, conversamos respecto de su emoción por estar de este lado del planeta y nos dirigimos a un salón elegante que resguarda dos sillones.

“Estoy muy contento de tener esta primera exposición en la Ciudad de México, porque México es un faro de arte en Latinoamérica”, comenta Salah, cuya obra se encuentra en Le Centre Pompidou, en París, Francia, y en The Museum of Modern Art (MoMA), en Nueva York, Estados Unidos.

Instalados en uno de los sofás que resulta acogedor, nos concentramos en su relación animalística. El artista revela que hace de los animales destacados personajes en sus pinturas porque toda su vida los ha tenido a su lado; incluso parece que aprende de ellos y que mantienen “una amistad”.

“En mi infancia en Sudán, siempre hay una relación muy directa con los animales, desde mi infancia estoy rodeado de animales: hay perros, hay gatos, hay gallinas, pollos, burros, cabras, claramente hay una experiencia constante y directa con los animales”, expresa Salah, quien además es creativo a través del video y la fotografía.

En este intercambio de palabras Salah delata mucho más. Delata la emotividad del artista, del ciudadano que aún pertenece a su tierra natal, pese a estar fuera de ella. Y deja ver por medio de su vínculo con los animales, su intimidad, la intimidad de una comunidad, la intimidad de un fuerte linaje que influye en su diario vivir y en su arte.

“Hay todos esos animales y también los pescados porque en mi familia la mayoría de la gente trabaja como pescadores. La razón principal por la que hay animales es esta historia familiar y mi experiencia de infancia, pero hago una especie de distorsión para que se ajusten a mi manera de pintar y a mi modo de representar los animales”, concluye Salah Elmur.

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