“Indestructible” (Artículo y video)
La autobiografía de Jelena Dokic revela los maltratos que sufrió a manos de su violento padre y entrenador, una historia más de abusos entre tenistas profesionales.
La publicación, esta semana, de la autobiografía “Unbreakable” (Indestructible), de la extenista australiana de origen croata Jelena Dokic, provocó conmoción, incluso antes de su aparición en las librerías, ya que revela los abusos físicos y psicológicos a los que fue sujeta por su padre, Damir Dokic, desde el momento mismo en que mostró habilidad con la raqueta.
The first copies have arrived. Jelena Dokic. Unbreakable. pic.twitter.com/u6heSOp261
— Jessica Halloran (@JessiHalloran) 24 de octubre de 2017
Insultos, golpizas, humillaciones son narradas por la mujer de 34 años de edad, retirada del tenis, casada y radicada en Mónaco, quien fue considerada uno de los prospectos más brillantes del circuito profesional WTA, e incluso alcanzó el cuarto lugar del ranking mundial el 19 de agosto del 2002, con tan sólo 19 años.
Few could imagine the abuse Jelena Dokic endured but now she has found her voice and her harrowing tale is being heard. #TheProjectTV pic.twitter.com/mYgqqXc0wG
— The Project (@theprojecttv) 13 de noviembre de 2017
Sin embargo, la truculenta historia de Dokic, niña prodigio del tenis, maltratada bajo la “guía” de un mentor violento y codicioso, no es la primera, y tristemente no será la última, de cuantas jugadoras han llegado a figurar en la listas de un deporte glamuroso, pero también con un lado muy oscuro.
“Mi padre comenzó a pegarme desde el primer día que empecé a jugar al tenis” https://t.co/Zk8lNug2rH
— Diego De Vita (@diegodvt) 15 de noviembre de 2017
Otra croata, otra niña prodigio, otra víctima
El caso de Mirjana Lucic Baroni (Dortmund, Alemania, 9 de marzo de 1982) tiene más de una coincidencia con el de Jelana Dokic. Ambas comparten el origen croata, ambas despuntaron a temprana edad en el tenis profesional y ambas fueron maltratadas por su padre.
Te invitamos a conocer la historia de Mirjana Lucic Baroni, la tenista que dejó atrás años de violencia y maltratos https://t.co/rwWSxstGlA
— Fundación Kiko’s (@FundacionKikos) 9 de febrero de 2017
En 1997, Lucic llamó la atención al ser la campeona del Abierto de Australia, categoría junior, sin haber cumplido los 15 años de edad. Un año después se contaba entre las mejores 40 jugadoras del mundo. Incluso se quedó a la orilla de alcanzar la Final de Wimbledon a los 17 años, y en ese entonces, todo apuntaba que era cuestión de tiempo para convertirse en la mejor tenista del planeta.
Lo que pocos sabían era el infierno que vivía la jugadora croata, maltratada por su padre (Marinko), exatleta olímpico, quien llegó a golpearla en más de una ocasión y se apoderó de sus ganancias, según confesó en una entrevista para el New York Daily News en 2006. “Hubo muchas cosas que nadie podría imaginar. Era muy peligroso para mí quedarme en mi país”.
Junto con su madre, Anjelka, y sus cuatro hermanos, Mirjana huyó a los Estados Unidos, donde se casó con el italiano Daniele Baroni, y ha podido reiniciar su carrera, aunque sin la perspectiva de hace dos décadas. En enero del 2017 alcanzó la semifinal del Abierto de Australia a sus 34 años de edad, su mejor resultado en su regreso al alto nivel.
El sostén de la familia
La francesa de origen iraní Aravane Rezai (Saint-Étienne, Francia, 14 de marzo de 1987), quien llegó a ser la número 40 del mundo, es otro caso de una tenista profesional con una historia de abuso por parte de su padre.
En 2011, Aravane presentó una denuncia en una comisaría de París en contra de su progenitor, Arsalan, por “acoso, violencia, amenazas de muerte y estafa”.
Rezai reveló en la querella que daba a su padre 2 mil euros al mes, pero que él siempre le exigió más dinero, llegándole a pedir hasta 35 mil euros.
De hecho, Arsalan reconoció en una entrevista a un medio francés, que la familia entera vive de los ingresos de Rezai, quien decidió romper con su padre y entrenador.
La obsesión de una madre
Uno de los casos que más espacio ocupó en la prensa especializada fue el de la suiza Martina Hingis (Kosice, Eslovaquia, 30 de septiembre de 1980). Se tratra de una adolescencia truncada por la obsesión de una madre en hacer de su hija la mejor tenista del mundo.
Melanie Molitor había sido tenista profesional, pero nunca llegó al máximo nivel. Se convirtió en la mentora de su hija, quien deslumbró a los 16 años de edad y a los 18 alcanzó el primer lugar de la clasificación.
Sin embargo, los problemas comenzaron cuando Martina (en honor a Martina Navratilova) se distrajo con un romance juvenil con el tenista español Julián Alonso y llegaron los malos resultados. Melanie puso contra las cuerdas a su hija al obligarla a elegir entre el tenis profesional o su novio.
Martina acabó accediendo a los deseos de su madre, pero la presión hizo estallar a la estrella suiza, quien se retiró prematuramente en 2007, a los 27 años, luego de que un examen antidoping en Wimbledon arrojó rastros de cocaína en su organismo.
La helvética nunca consiguió demostrar su inocencia y fue sancionada por dos años, desposeída de varios títulos y multada con 100 mil euros.
La número uno más joven del circuito WTA (16 años) se marchó y lo hizo a escondidas. En 2013 volvió a las canchas, pero sólo en la modalidad de dobles, para ganar 10 títulos de Grand Slam, cuatro en dobles femeninos y seis en dobles mixtos, y una medalla de plata con Timea Bacsinszky en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016. Anunció su retiro definitivo en octubre de 2017, como la número uno del ranking de dobles.
Estrella del tenis…a la fuerza
Pero el caso de la estadounidense Jennifer Capriati (Nueva York, 29 de marzo de 1976) es quizá uno de los más dramáticos. Dio el salto al tenis profesional con tan sólo 13 años y 11 meses, mientras su padre, Stefano Capriati, la sometía a un régimen militar en el que estaban prohibidas las amistades, las actividades de ocio, las fiestas. Sólo importaba el tenis.
Con sólo 14 años llegó a las semifinales de Roland Garros (1990) y se convirtió en la jugadora más joven de la historia en meterse en el ‘top 10’. A los 15 años ganó la medalla de oro en Barcelona 1992. Su carrera era meteórica, su futuro inacabable.
Sin embargo, a los 17 años fue arrestada por robar en una tienda. Luego le siguió una detención por posesión de marihuana y cocaína. Más tarde, la depresión le hizo pensar en el suicidio.
“No estaba feliz conmigo misma, ni con mi tenis, ni con mi vida, ni con mis padres, ni con mis entrenadores, ni con mis amigos. Cuando me miraba al espejo veía una imagen distorsionada: era tan fea y gorda. Sólo quería matarme, de verdad”, reveló en una entrevista para el New York Times en 1994.
Volvió al tenis en 1996, aunque no quedaba rastro de la niña maravilla. Y cuando ya nadie la esperaba, en 2001 volvió a lo más alto: ganó el Abierto de Australia, luego Roland Garros y acabó el año como número uno. En 2002 repitió título en el Melbourne. Los problemas físicos le hicieron retirarse en 2004.
Tan sólo unos casos, pero la lista es larga, e incluye a grandes figuras y exnúmero del mundo, como la germana Steffi Graf o la española Arantxa Sánchez Vicario, quienes vivieron una tóxica relación familiar en los mejores años de su carrera profesional y aun después.
