Colón, Cortés y los “superoscuros”: ¿Qué estatuas deben ser retiradas? | Artículo

Hernán Cortés, Cristóbal Colón, Francisco de Montejo y otros individuos con superóscuros deben ser removidos inmediatamente de sus pedestales en espacios públicos, opina el filósofo Antonio Salgado Borge.

octubre 16, 2021 8:04 am Published by

Antonio Salgado Borge

El 12 de octubre suele reabrir heridas y avivar discusiones en México. Una de estas controversias gira en torno a las estatuas que representan a individuos que llegaron a las Américas con la intención de conquistarlas. ¿Qué debemos hacer con esas estatuas?

En este artículo plantearé un argumento que busca establecer condiciones suficientes para remover una estatua. Mostraré que este argumento aplica a las que representan a individuos como Cristóbal Colón, Hernán Cortés o Francisco de Montejo. Posteriormente revisaré cuatro objeciones que pueden ser desarrolladas contra este argumento.

 

El argumento

Empecemos con una premisa fácilmente aceptable. El propósito de colocar en un espacio público la estatua de una persona, hecho o concepto en un pedestal, no es únicamente recordarle -para eso existen los libros de historia- sino, literal y principalmente, enaltecerle.

No todo lo que queremos recordar tiene estatuas, ni todas las estatuas son erigidas porque temamos olvidar a lo que representa. En cambio, todo lo que es representado por una estatua en un pedestal está siendo exaltado.

Cuando se dedica una estatua a un individuo implica que la vida de esa persona es digna de reverencia o de emulación. Desde luego, todo humano es un compendio de claros y oscuros: es imposible encontrar a alguien sin errores o defectos. En consecuencia, la decisión de enaltecer a alguien está supeditada a que el resultado final de su mezcla entre los claros y los oscuros sea positivo.

Pero hay oscuros que no pueden ser compensados con claro alguno. Por comodidad, llamemos al set que tiene como miembros a oscuros incompensables el set de los “superoscuros”.

Es discutible qué acciones o posiciones deben ser incluidas en este set. Sin embargo, me parece indisputable que entre los oscuros de este grupo deben figurar crímenes como el genocidio, otros crímenes de lesa humanidad, o formas de opresión -como la opresión por motivos de género, raza o creencias-.

De lo anterior se desprende que si una figura tiene alguno de estos súperoscuros, esa figura no debe ser enaltecida con una estatua en un sitio público. Sin importar cuántas virtudes puedan tener el rey Leopoldo, Augusto Pinochet, Francisco Franco, Adolfo Hitler, o Joseph Stalin, estos individuos no pueden ser exaltados o enaltecidos en forma alguna.

Con este criterio en mente, es fácil ver que individuos como Cristóbal Colón, Hernán Cortés, Francisco de Montejo o demás personajes que hayan participado activamente en la masacre o virtual esclavización de poblaciones originarias no debe ser representados por estatuas en lugares públicos.

Nótese que este criterio hace irrelevantes contraargumentos de la forma “sí pero…”, que incluyen alusiones a que estos personajes en realidad liberaron a unos pueblos de la opresión de otros o a los elementos positivos que trajeron a las Américas. Y es que aún si este fuese el caso, sus superoscuros los descalifican como candidatos a ser enaltecidos en nuestra sociedad contemporánea.

Joseph Stalin y Adolf Hitler

Joseph Stalin y Adolf Hitler

Las objeciones

Con nuestro argumento sobre la mesa, revisemos ahora posibles objeciones que pueden ser levantadas en su contra.

La primera es que alguien podría objetar que nuestro argumento ofrece para un asunto complejo -el problema de qué estatuas deben ser retiradas de espacios públicos- una solución simple -las estatuas con superóscuros deben ser retiradas.

Pero una objeción de esta naturaleza implicaría cometer el error que se adjudica. El argumento aquí planteado implica el reconocimiento de que estamos ante un problema sumamente complejo y no pretende encontrar una solución unitalla para éste. Eso sí que sería simplista.

En vez de ver el bosque del que se puede extraer madera y cruzarse de brazos ante su complejidad, nuestro argumento parte de que es preciso segmentar y analizar los árboles de acuerdo con criterios bien definidos. Y el primer paso para ello es empezar con aquellos árboles con condiciones que indican que su tala no admite objeciones.

Otra forma de plantear lo anterior es la siguiente.  El argumento desarrollado en este texto parte de la pregunta general sobre las estatuas, pero busca establecer condiciones suficientes para removerlas. ¿Puede haber más condiciones suficientes? Sin duda. Pero llegar a ellas requerirá de otro tipo de argumento. ¿Son estas condiciones necesarias? Definitivamente no. Lo que motivó nuestro argumento es el establecimiento de condiciones suficientes.

Una segunda objeción que podría plantearse contra nuestro argumento es que éste implica cometer anacronismos. Por ejemplo, desde nuestra perspectiva contemporánea, es obvio que Cortés y compañía instrumentaron un genocidio y que este fue movido, al menos en parte, por motivos raciales. Pero claramente esta no fue la forma en que lo ocurrido fue interpretado durante siglos. Es más, la categoría de genocidio es relativamente reciente.

Una objeción de esta naturaleza no se sostiene. Por principio de cuentas, las estatuas en lugares públicos no son elementos inertes que muestran un pasado osificado. Por el contrario, por los motivos señalados arriba estos monumentos interactúan necesariamente con la sociedad contemporánea. Por ende, su rol es jugado en tiempo presente.

Más importante aún es que la idea de que el hecho de que un nombre no existía en el pasado implica que lo representado por ese nombre no existió. Durante muchos años los seres humanos no llamamos al agua H2O, pero de ello no se sigue que el agua no fuese hidrógeno y oxígeno. En el mismo sentido, del hecho de que durante milenios el exterminio o eliminación sistemática de un grupo humano por motivo de raza, etnia o religión no fuese llamado genocidio no se desprende que ello no haya ocurrido.

Una tercera forma de objetar contra nuestro argumento es apelar a su carácter subjetivo. ¿Quién determina lo que es un “oscuro”? Ciertamente existe una amplia controversia sobre el tema.

Por ejemplo, la Universidad de Edimburgo recientemente cambió el nombre a la antes llamada “Torre David Hume” porque este filósofo en su correspondencia se refirió a personas negras de forma racista. Pero, al menos hasta donde se sabe, Hume no exterminó, asesinó o esclavizó por motivos de raza. Es más, su comentario fue privado y casi seguramente tuvo un impacto nulo o irrelevante en su filosofía. La decisión, por ende, tuvo un carácter controvertido y bases ampliamente subjetivas.

Pero nuestro argumento está blindado, por modesto, de este tipo de alegato. Si los juicios morales dependen de los seres humanos, existe un consenso abrumador en el mundo de que el genocidio, otros crímenes de lesa humanidad, y la opresión por motivos de género, raza o creencias son inadmisibles. En este sentido, los “superoscuros” son lo más objetivo que podemos encontrar en la moral humana.

Finalmente, contra nuestro argumento se podría objetar que, en el contexto de la intensa “cultura de la cancelación”, remover estatuas implica participar en una forma de censura. La idea es que quitar a Colón, Cortés o Montejo de sus pedestales es equivalente a prohibir el debate sobre la naturaleza de sus acciones o la diversidad de interpretaciones sobre las mismas.

Esta objeción tampoco se sostiene. De la decisión de quitar una estatua de un pedestal se desprende que el individuo representado por esa estatua no merece ser exaltado o enaltecido, y no que esa persona no deba ser estudiada, por ejemplo, académicamente.

Remover la estatua de un lugar público envía el mensaje de que las acciones de esa persona están sujetas a discusión y a revisión. La verdadera cancelación pasa por sacralizar al personaje enaltecido al punto de blindarle de todo tipo de cuestionamiento contemporáneo.

La joven de Amajac sustituirá finalmente a la estatua de Colón en la Ciudad de México

La joven de Amajac sustituirá finalmente a la estatua de Colón en la Ciudad de México

Conclusión

En este artículo he planteado un argumento del que se desprende un criterio suficiente para remover estatuas. También revisé cuatro posibles objeciones a este argumento y mostré que éstas no se sostienen. Soy consciente de que mi conclusión es modesta y muy limitada en su alcance. Pero justamente ello la hace difícil de controvertir.

A la pregunta genérica de qué debemos hacer con las estatuas polémicas o con casos análogos al del filósofo David Hume, respondo sin titubeos: no lo sé. Establecer condiciones necesarias para retirar estatuas que no impliquen superóscuros requerirá de un proceso largo y de deliberación democrática.

De lo que sí estoy convencido, con base en el argumento que aquí he planteado, es de que Hernán Cortés, Cristóbal Colón, Francisco de Montejo y otros individuos con superóscuros deben ser removidos inmediatamente de sus pedestales en espacios públicos.

Y de que subsumir los elementos que obligan a retirar estas estatuas en la discusión sobre las estatuas en general equivale a empobrecer el análisis; de la misma forma en que pensar únicamente en el bosque completo nos impide fijarnos en los árboles que tenemos enfrente.

Facebook: Antonio Salgado Borge

Twitter: @asalgadoborge

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