John Illsley, el testimonio de un integrante de Dire Straits (Reseña)
El bajista de la banda de rock británica publica sus memorias.
Por Héctor González
En 2018 Dire Straits entró al Salón de la Fama del Rock and Roll. Fanáticos y críticos esperaban una ansiada y última reunión de Mark Knoplfer, John Illsley, David Knopfler y Pick Withers para celebrar la ocasión. Año con año, la fiesta de ingreso da pie para que viejos compañeros hoy separados limen asperezas y se echen un último palomazo. No fue el caso de los sultanes del swing.
Mark Knopfler no acudió a la ceremonia y según palabras de su amigo y bajista, John Illsley, se limitó a decir que no quería viajar y menos revivir al grupo. ¿Qué sucedió con Dire Straits? ¿Cómo es que una banda que a mediados de los ochenta era considerada la mejor del mundo decide retirarse en plena cúspide y no juntarse ni una vez más?
La última vez que se les vio sobre un escenario fue el 9 de octubre de 1992, en el estado La Romareda de Zaragoza, España, cuando dieron por terminada la gira de su último disco de estudio One Every Street. Eso fue todo.
Treinta años después, Illsley rompe el silencio y publica Mi vida con Dire Straits, el testimonio de quien fuera uno de los fundadores del grupo. El discreto prólogo de Mark Knopfler marca el tono del libro. El músico no se regodea en chismes e incluso se nota cuidadoso al escribir sobre sus excompañeros. Quien busque carnita sobre la ruptura entre los hermanos Knopfler no encontrará nada más que el relato del momento en que David, aplastado por la fama y éxito deja colgados a sus colegas en el estudio.
El precio de la fama
El texto está escrito desde la perspectiva de quien decide poner orden consigo mismo y no atender al sensacionalismo. Illsley no se considera un santo, asume excesos, devaneos y responsabilidad en términos de sus relaciones de pareja. El rock no hace caricias y reconoce que las giras de meses no aportan nada a la estabilidad de una pareja y que a veces el costo de eso es el divorcio, dos en su caso.
Por lo demás, y lo más entretenido del libro es el retrato de una época. Dire Straits consiguió un sonido peculiar y con denominación de origen. Con raíces en el blues y en rock estadounidense se desmarcó del punk y del new wave emergente en Reino Unido. Fueron teloneros de los Talking Heads. Hicieron historia con pocos discos, Dire Straits, Making Movies y Brothers in arms los más destacados, y en menos de diez años alcanzó un reconocimiento global, además de ventas superiores a setenta millones de copias.
Cuenta Illsley que en 1985, cuando Bob Geldof organizaba el concierto de Live Aid para combatir la hambruna en Etiopía, rogó al grupo para que se sumara al cartel, pues sabía que una vez que ellos firmaran, varios de los artistas más grandes harían lo mismo. El tema es que la banda ya tenía un concierto programado y vendido para el mismo día. Finalmente llegaron a un acuerdo y tocaron durante veinte minutos, antes de Queen.
Mi vida con Dire Straits es también el cuento de un grupo de músicos virtuosos, a quienes acudían a ver por igual Bob Dylan que Rod Stewart, que en su momento de gloria compartió escenario con leyendas mayores como Eric Clapton, Tina Turner o Elton John. Pero que decidió poner el freno antes de pagar facturas demasiado altas. Cada uno continúo con una carrera en solitario, Mark Knopfler destacó sobre el resto desde siempre, mientras que John Illsley, personaje de perfil bajo, alterna la música con la pintura y con la dirección de un bar.
Entretenido y a ratos nostálgico, el testimonio de Illsley no deja espacio al arrepentimiento, aunque sí hace un honesto ajuste de cuentas. Después de todo, es imposible ser integrante de una banda legendaria y salir ileso del viaje.
John Illsley. Mi vida con Dire Straits. Libros Cúpula. Trad. Pilar Recuero. 369 pp.
