De héroes y racismos: el desmoronamiento de Cristóbal Colón | Artículo
El 12 de octubre de 1992, quinto centenario del “descubrimiento de América”. una manifestación masiva de indígenas derribó la estatua del capitán español Diego de Mazariegos, en San Cristóbal de las Casas.
Julio Moguel
I
Hace unos pocos días, la Jefa de Gobierno de la CdMx explicó que la razón por la que se había decidido retirar el Monumento a Cristóbal Colón del Paseo de la Reforma –justo un poco antes de la conmemoración del 528vo del “descubrimiento de América” por dicho personaje, el pasado 12 de octubre– era el de la necesidad de “su restauración”. Pero hubo algo más en su mensaje: que el tiempo para realizar la mencionada restauración podría servir –también– para “hacer una reflexión” sobre el significado del papel del genovés en la historia de México.
¿Qué tiempo pudiera tomarse tal proceso de reflexión? El que lleva a las celebraciones que se realizarán por los 700 años de la fundación de México-Tenochtitlán, en agosto de 2021, con el agregado, ante pregunta reporteril, de que la decisión sobre el regreso de la estatua a su viejo y privilegiado pedestal no correspondía “sólo” a ella, dejando entrever así, en el entrelineado necesario, que la figura vertical del tan afamado personaje se ha ido de Reforma para siempre.
Pero ¿hay alguna historia detrás de esta circunstancia? Conviene revisar algunos hitos de esta sabia decisión.
II
El 12 de octubre de 1910, la figura de bronce del nauta genovés en el Paseo de la Reforma fue visitada por miembros de la Colonia Italiana, acompañados por una delegación de la Comisión del Centenario de la Independencia y por trabajadores de las mutualidades El Renacimiento, Mártir de Cuilápan y Doña Josefa Ortiz de Domínguez. A las once de la mañana de aquella “fecha de feliz remembranza”, el señor ingeniero Novi, organizador del encuentro, hizo uso de la palabra para resaltar las cualidades sobrehumanas del marino.
La disputa por dar sentido a aquella estatua del “descubridor” del Nuevo Mundo, colocada en la ciudad de México desde agosto de 1877, muy pronto pasó del homenaje con color italiano –dirigido a resaltar la nacionalidad originaria del navegante, con ganas de que tal fuera el sentido imperecedero del recuerdo– al de la reivindicación simple y genérica de “la raza”, fórmula con la que se expresó el profundo deseo tan criollo como mestizo de la desindianización plena de la patria.
Pero la revolución de 1910-1917 hizo más cobriza la medianía del país, cuestión que ayudó sin duda a que el racismo más descarnado, preexistente, se fuera matizando o enmascarando de muy diversas formas. Con todo, la imagen emblemática mayor del triunfo de las armas no fue la del indio Emiliano Zapata, sino la del distinguido varón de Cuatro Ciénegas, Venustiano Carranza.
Por ello fue que a nadie se le ocurrió bajar a Cristóbal Colón de su distinguido pedestal en el Paseo de la Reforma de la ciudad de México, manteniéndolo por el contrario como el símbolo mayor –o más bien único– del “día de la raza”.
III
El 12 de octubre de 1917 la celebración “del día de la raza” corrió por vez primera por cuenta del Estado, y ya no sólo en la ciudad capital sino en toda la República. Las escuelas e instituciones cívicas de todo el territorio nacional se encargaron del rito “de liturgia latina para glorificar la raza”. A partir de entonces, la idea de que nuestro futuro –promisorio— “sería mestizo o no sería” quedó convertido en fuerza y signo de valor oficial, en el entendido de que algún día no muy lejano todos los mexicanos seríamos abrasados por “una sola llama de unión bajo la caricia luminosa de muchas banderas […]”.
Por ello pocos pudieron llegar a sorprenderse cuando, el 12 de octubre de 1946, en las celebraciones correspondientes del “Día de la raza”, José Gorostiza, entonces Director General de Asuntos Políticos y del Servicio Diplomático de la Secretaría de Relaciones Exteriores, expresara en su discurso: “[…] el Creador dijo: ‘Hágase la luz’, y la luz se hizo. También el 12 de octubre de 1492, desde lo alto de un mástil, un sencillo marinero gritó ‘Tierra’, y la tierra se hizo. Se manifestó en su redondez, presentida, y en su existencia generosa […] Desde entonces, empieza a contar nuestro tiempo […] El conquistador funda ciudades; se escuchan lágrimas y juramentos, risas y canciones, sostenidas en la marca puntual de las campanas. La vida está creando, otra vez, allí en la tierra, un mundo. España pone el idioma y la fe y la sangre, hirvientes de resolución y de energía. Los pueblos aborígenes ponen el canto y la flor, la ternura y la fatiga, el suelo rebelde y la alta noche estremecida de estrellas […]”
IV
12 de octubre de 1992: Quinto centenario del “descubrimiento de América”. Ese día, en San Cristóbal de las Casas, una manifestación masiva de indígenas que se desplazó de la plaza central hacia el templo de Santo Domingo pasó de los gritos de protesta a la acción para derribar la estatua del capitán español Diego de Mazariegos. Mazo y martillo sirvieron para hacer desmontar el armatoste, que cayó de cuerpo entero pero que ya en el suelo fue hecho pedacitos por la masa enardecida. El mismo día, en la ciudad de Morelia, otra marcha indígena y popular hizo lo suyo con la estatua del virrey Antonio de Mendoza, en este caso con largos y fibrosos lazos que sirvieron para abrazar la efigie y derribarla.
En la ciudad de México, miles de manifestantes llenaron el Zócalo para dar fe de su ira por “el genocidio” iniciado en 1492. Mientras eso sucedía, en el Paseo de la Reforma diversos grupos indígenas y simpatizantes del movimiento indígena del país lanzaban huevos podridos y jitomates contra la estatua de Colón, al tiempo que algunos encaramados le imponían a la figura metálica del genovés un gorro negro con cuernos rojos y una manta colgada de su cuello que rezaba: “V Centenario de la masacre indígena”.
Entretanto, el presidente del Gran Consejo de Anáhuac, Miguel Ángel Mendoza, iniciaba una colecta de firmas que llevaría, según su propio discurso, a lograr una petición solvente, al Poder Legislativo, para que “se llevaran la estatua de Cristóbal Colón a España, junto con los restos de Hernán Cortés” que descansaban en el Hospital de Jesús.
Algunos creímos entonces que a partir de ese día empezarían a caer, una a una, todas las efigies-símbolo de la Conquista. Pero no fue así. Entre otras, la de Cristóbal Colón en el Paseo de la Reforma mantuvo hasta este 2020 su histórica verticalidad.
*
Hoy tenemos pues la buena nueva. El pasado 12 de octubre fue el primer día de la historia de un país en el que podremos reinventarnos sin la imagen en el Paseo de Reforma del “Descubridor”.
Señal sin duda extraordinaria de los nuevos tiempos
