“De ser la verdad absoluta, la fotografía se convirtió en una mentira”: Paulina Lavista
El trabajo de la artista mexicana llega a la Galería 526 del Seminario de Cultura Mexicana con la exposición “Temáticas en blanco y negro”,
Por Héctor González
“Dentro de mi larga carrera dentro de la fotografía, mi expresión fundamental siempre ha sido el blanco y negro”, sostiene Paulina Lavista (Ciudad de México, octubre. 1945). Dicho esto, no sorprende que la artista titulo su nuevo proyecto de exhibición Temáticas en blanco y negro, que puedes visitar en la Galería 526 del Seminario de Cultura Mexicana
La muestra propone un recorrido por imágenes de escenas cotidianas dividida en 5 temáticas: El teatro de la vida”, –“Arquitecturas del hombre”,— “Personajes de la Cultura” —“Foto-textos”— “Danza Sacra o Profana del grupo Sankai Juku en Teotihuacán”.
Con una mirada aguda y cómplice, la autora construye relatos posibles a partir de detalles, gestos y coincidencias visuales que dialogan entre sí y remiten al “Teatro de la vida”, poema de Sir Walter Raleigh traducido por Salvador Elizondo.
¿Qué la lleva a hacer la exposición Temáticas en Blanco y Negro?
Dentro de mi larga carrera dentro de la fotografía, mi expresión fundamental siempre ha sido el blanco y negro. La plata tiene una permanencia casi eterna. La exposición nace a partir de una invitación del Seminario de Cultura Mexicana para revisar mi obra. La dividí en cinco temas que se han dado a partir de mi trabajo como periodista y de la relación con mi marido, el escritor Salvador Elizondo. Uno de los apartados se llama El teatro de la vida, influenciado por el poema homónimo de Walter Raleigh, y donde incluyo instantáneas de la vida en la ciudad que me conmueven.
¿Cómo detecta cuando un instante da para una fotografía?
Como cualquier escritor o poeta, trabajo con la inspiración. Hay momentos en los que voy por la calle sensible a ciertos temas. Durante mi juventud era capaz incluso de parar el tráfico para tomar una foto. Hay un estado de ánimo en el que el fotógrafo está sensible, pero al mismo tiempo está influenciado por la cultura visual trae, es lo que Cartier-Bresson llama el instante decisivo.
¿La fotografía es intuición?
Sí, pero también es una disciplina que se alimenta de referencias. En 1974, vi en el Museo de Arte Moderno de Nueva York una escultura pequeña de Giacometti y me gustó mucho. Dos horas después estaba en el Rockefeller Center tomando un café y sin querer repetí la escultura en unos patinadores, es decir, fue un recuerdo inconsciente. Lo que sí le puedo decir es que no corto las fotos, casi todas son de negativo completo.
¿Eso lo mantiene incluso ahora con la foto digital?
A veces en el Instagram tengo que cortar por el formato. Es válido cortar las fotos, pero en mi caso intento componer en el momento del disparo, sobre todo en el retrato. He visto mucha pintura, vengo de una familia de artistas. En mi casa predominaba la pintura renacentista, además con mi marido éramos amantes de esta disciplina.
En esta exposición están todas esas influencias: la pintura, la literatura o la danza.
Me considero afortunada por el ámbito en que nací, por mi familia y el marido que tuve. Pude conocer a Rulfo y a Borges. Siempre intenté que mis retratos dignificaran al personaje. Hay escenas que me remiten a instantes del arte. Al final las ideas se conectan con la sensibilidad del artista.
Ante una muestra con estas características, ¿cómo ve su legado o trayectoria?
Primero tengo la satisfacción de haberlo podido hacer. Cada foto incluida en la exposición se hizo con mucho cuidado y en impresiones muy buenas. Atrás de cada fotografía hay magia y mucha técnica. La mayoría son de 1974 cuando tenía 29 años, estaba en plenitud física e intelectual. Fue un año en el que viajé mucho. Pero también hay imágenes posteriores.
¿Qué relación tiene actualmente con la fotografía?
La fotografía cambió al mundo, en el momento que se descubrió encontramos formas de registrar la historia y de nosotros mismos. Y digo que la fotografía es un descubrimiento y no un invento porque se da per se en cualquier caja oscura. Que nosotros hayamos descubierto ese procedimiento es magia. La fotografía permite al hombre verse asimismo. La fotografía finalmente es escribir con luz por eso para mí la luz es lo más importante en mi trabajo.
A través de los retratos habrá conocido de distinta manera los personajes…
No a todos, algunos fueron amigos. Desde luego conocer a Borges fue un momento muy importante en mi carrera de capturar imágenes, lo mismo Rulfo u Octavio Paz. Para mi era emocionante conocerlos y que aceptaran posar para mí. Mediante mi técnica pude capturar aquello que me sensibilizó y que ahora, aunque es nostálgico, funciona como el último tranvía, el art decó, edificios que ya no existen. Todo eso yo lo fotografié y es un viaje a la historia.
¿Le gusta el presente?
Sí y no. Vivimos una época interesante, pero ahora no podría salir a la calle con mi cámara. Hace mucho una amiga, María Antonieta Mora, me llevó a Tepito y estuvimos horas tomando fotografías. Actualmente eso es difícil, pero siempre encuentro escenas que me conmueven, aunque sea con mi cámara digital.
¿Toma fotos con celular?
Sí, a veces se me aparecen los escarabajos dorados o una mantis religiosa, son temas que no trabajo, pero me emocionan los insectos. Por supuesto que manejo lo digital, ni modo de no hacerlo. Tengo una cámara digital Laica que uso mucho para fotos y video. Para el diario uso la digital, el Photo Shop es fantástico y por internet envío mis colaboraciones al periódico. Acepto lo digital, aunque siempre tengo el temor de que un día desaparezca toda mi información.
¿Qué piensa de la Inteligencia Artificial?
Estoy azorada. De ser la verdad absoluta, la fotografía se convirtió en una mentira. Todavía estoy haciendo la digestión sobre lo que está pasando. El otro día me hicieron una casa con Inteligencia Artificial, pero le falta corazón. Es un juego peligroso.
