‘Sujo’ una película sobre la adversidad que supone crecer en un contexto violento

Las directoras Astrid Rondero y Fernanda Valadez hablan de la producción que representará a México en la competencia por el Oscar y que recién se estrena en las salas.

diciembre 6, 2024 12:42 pm Published by

Por Héctor González

Tras la muerte su padre, un sicario, Sujo (Juan Jesús Varela) deberá aprender a reinventarse. Con apenas cuatro años el niño inicia un recorrido que continuamente lo pondrá ante la disyuntiva de seguir los pasos de su papá o romper con esa línea y llevar una vida dentro de la ley.

Dirigida por Astrid Rondero y Fernanda Valadez, Sujo es una película sobre la adversidad en un país inmerso en un ambiente de violencia. La producción que representará a México en el camino por el Oscar llega a las salas con la impronta de hacernos reflexionar e imaginar alternativas para salir adelante cuanto todo parece estar perdido.

No es la primera vez que hablan de la infancia en contextos adversos, pero ¿qué las lleva al tema del sicariato en Sujo?

Astrid Rondero: La película viene de nuestras conversaciones con chicos de las comunidades rurales mientras filmábamos Sin señas particulares. Nos contaban historias de migración, desplazamiento forzado, la escuela y el ingreso al crimen organizado. Nos parece importante hablar de lo que significa crecer en un contexto como el que hay en México y de lo les depara el futuro a los hijos de la gente que ha muerto por la ola de la violencia en nuestro país. Cuando presentamos la película en Sundance descubrimos que la historia habla de cómo se crece ante la adversidad y eso es algo que se comprende en todos lados. Al final, Sujo es una película que habla sobre la dificultad de crecer.

Pese a lo complicado que es el ambiente de violencia que predomina en México, la película arroja un poco de esperanza, ¿por qué darle ese matiz a la historia?

Fernanda Valadez: Queríamos tener la posibilidad de ver más allá de la violencia y del horror; de imaginar, empezando por la ficción, condiciones específicas que le permitan a un chico darle la espalda a la violencia. Creo que como narradoras y como sociedad civil, tenemos la necesidad de pensar qué podemos hacer en este contexto tan complicado, pero sin ser ingenuos. No podemos negar las capas de violencia, ni su herencia a lo largo de los años, pero también es una obligación pensar qué viene después, y ese es el punto donde se sitúa Sujo.

Anteriormente trabajaron con el joven actor, Juan Jesús Valencia, en Sin señas particulares, en esta ocasión, ¿cómo lo guiaron en situaciones tan complicadas a nivel emocional?

AR: Hicimos mucho trabajo de conversación, pero en este caso Juan Jesús ya traía experiencias personales que le dieron profundidad al personaje. De hecho, por eso mismo en Sin señas particulares decidimos trabajar con actores no profesionales, sin que eso significara dejarlos solos. Realizamos un trabajo de sensibilización muy fuerte. Ni a Fernanda ni a mí nos gusta la sobreinterpretación por eso preferimos darles espacio para imaginar y proponer, en ese sentido Juan Jesús tiene todas las herramientas necesarias para ser un intérprete y actor, por eso cuando escribimos Sujo pensamos en él. Si las condiciones del país fueran otras a él lo podríamos haber encontrado en una escuela de teatro, es un chavo muy talentoso y especial.

Sujo tiene la suerte de encontrarse con una maestra que le ayuda, pero no todas las historias son así. ¿Cuál es el impacto de que viven los menores que por fuerza se colocan en situaciones de violencia?

FV: Uno de los fenómenos que nos interesaba mostrar es este reclutamiento por parte del crimen organizado y que en cierto modo es cultural; es un reclutamiento que tiene mucho de forzado porque se da por falta de oportunidades y mediante el engaño. Es como un rito de paso que consiste en mostrar ante los pares que la masculinidad tiene que ver con la violencia. El crimen organizado se aprovecha de esto para seducir a los chicos ofreciéndoles una supuesta comunidad y una vida de confort, pero lo cierto es que es un engaño porque muchos de estos chicos son asesinados antes de cumplir 30 años. Sin embargo, durante nuestra investigación también encontramos muchísimas historias de resistencia a través de la migración interna y externa, y de la resistencia activa en las comunidades. A lo mejor no son las más numerosas, pero Sujo también se ancla de la posibilidad de resistir a la violencia y de empezar a imaginar alternativas. Mientras hacíamos la película encontramos muchísimos testimonios de chicos que llegan a la UNAM o a las universidades públicas locales con la expectativa no solamente de tener un título, sino de tomar la educación como el medio de paso a una vida distinta, convertirse en lo que verdaderamente desean ser.

La maestra representa este poder de la educación. El gobierno de México dice que se está abocando en programas de largo plazo para resolver este problema. ¿Qué reflexión les genera esta película en este sentido?

AR: Empezamos a escribir la película cuando ni siquiera habíamos votado a la 4T, o sea, está llena de esas esperanzas que luego se rompieron en mil pedazos. Sin embargo, sí comparte esa sensación de reconocer que hay algo que sí se puede hacer. El problema es que hay una impunidad tan rampante y la ausencia de Estado es tal que por más que atiendas las primeras causas, los jóvenes viven en lugares donde en cualquier y por cualquier motivo pueden perder la vida, ser secuestrados o ser reclutados. Si atajamos las causas que generan desigualdad podríamos tener una oportunidad, pero si no se ataca la impunidad será imposible.

FV: Es algo que viene de sexenios atrás. No es una cuestión partidista, es un tema tan profundo y complejo que justamente tiene que atajarse más allá de cualquier discusión de partido político. El cambio debe venir desde la sociedad civil y por supuesto alcanzar los tres niveles de gobierno.

AR: Pareciera que Sujo tiene un final positivo, pero en realidad muestra las historias de tres chavos. Uno es asesinado, el otro está reclutado y el otro es un desplazado interno.

La apuesta de la película es no retratar la realidad de una forma amarillista, ¿por qué es importante salirse de esta inercia?

AR: Lo que conmueve o hace especial a nuestra película es eso. Tanto Fernanda como yo tratamos de encontrar el equilibrio entre las cosas terribles que suceden. México tiene cosas horribles, pero otras muy bellas, lo más fácil es mostrar la miseria, pero la realidad es mucho más compleja y nos permite entender de una manera más profunda lo difícil de la condición humana y de las circunstancias que a veces obligan a las personas a cometer actos de terrible violencia. Una de las cosas más maravillosas del cine es que te permite ahondar en temas que son muy difíciles.

¿Alguien puede cambiar su vida?, esa es una de las preguntas que están presentes en la película.

 FV: Esa es la gran pregunta de la película. No hay una respuesta absoluta. En la película vemos los distintos destinos de tres chicos. ¿Qué permite que uno de ellos tenga un resquicio de esperanza? Por supuesto, la educación, pero no nada más la escolarizada, sino aquellas redes de soporte que permiten que un chico sea formado como un hombre empático, como una persona abierta al encuentro, sensible ante el dolor de los demás y con la capacidad de imaginar alternativas. Finalmente, también es importante encontrarse con personas que salen de su propio trayecto para tenderle la mano a alguien más. Ahí es donde entra la sociedad civil. Una madre buscadora imagina que puede ser distinto y por eso se queda para acompañar a otras madres que buscan. Sujo a final de cuentas, abre la posibilidad de imaginar un destino distinto.

 

 

 

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