‘La única fuerza capaz de salvar al planeta es la colectiva’: Nona Fernández |Video

La autora de ‘Voyager’ sostiene es fundamental que la nueva Constitución chilena sea escrita en clave feminista.

noviembre 1, 2020 6:10 am Published by

Por Héctor González

Los recuerdos son la materia de trabajo de Nona Fernández (1971). Al margen de su trabajo como actriz y guionista, la también escritora se ha ocupado de contraponer el impacto de las “verdades oficiales” sobre las pequeñas memorias particulares. Una nueva aproximación al tema lo hace en su nuevo ensayo Voyager (Literatura Random House), donde a partir de una experiencia personal vinculada un padecimiento de su madre, construye un sólido análisis del peso que aún tiene la dictadura en su país.

A unos días del histórico plebiscito en Chile que abrió la puerta a la creación de una nueva Constitución, la escritora es optimista y no duda en decir que la ciudadanía anotó un “golazo” al conseguir que la Asamblea constituyente sea paritaria.

El optimismo local de Nona Fernández, se disipa un poco cuando habla del momento global y la pandemia y adelanta, “necesitamos entender que somos incapaces de controlar todo”.

¿Cómo convive la ansiedad de la pandemia con las movilizaciones sociales en Chile?

No ha sido fácil. La revuelta social ha sido un periodo desafiante y obliga a cuestionar la realidad. Si le sumamos la crisis sanitaria la reflexión es aún más urgente. El virus nos regaló la idea de entendernos como un mecanismo colectivo. No hay protagonismos ni lugares más importantes que otros. Dentro del gran organigrama que es la naturaleza todos dependemos de todos. Quizá en Chile lo trabajamos desde antes de la emergencia sanitaria porque para entonces la gente ya estaba organizada. El tejido social nos ha permitido vivir la pandemia de manera más solidaria y conectada pese a que permanece una fragilidad económica y anímica porque no sabemos nada. Necesitamos entender que somos incapaces de controlar todo.

En Voyager trabajas el impacto de la memoria colectiva sobre la individual.

Son temas que traigo desde hace tiempo, pero el virus y la revuelta social me los ha instalado casi como agenda. Necesitamos entendernos desde un lugar ajeno al tipo de capitalismo que desmoronó Chile. Por eso intentamos desbaratar el neoliberalismo que nos atrapó hace décadas y que nos enseñó a competir por tener, figurar y consumir más. Hoy ese sistema colapsó. Enfrentamos una crisis social y ecológica porque vimos que no sirve de nada seguir en esta carrera loca. Tenemos un mundo que se está acabando. La única fuerza posible para salvar al planeta y a la humanidad es la colectiva. Nos ponemos de acuerdo y nos miramos, o no iremos a ninguna parte.

Durante muchos años Chile fue el referente económico en América Latina, pero el año pasado se desmoronó.

Vendimos en el extranjero la postal de un país modelo. Nos decían “Los jaguares de Latinoamérica”, pero el modelo económico explotó. La revuelta social se originó por la desigualdad y la precariedad que instaló el sistema. Chile le pertenece a cinco familias: el agua, los bosques, los medios de comunicación y el gobierno, todo. Creo que uno de los resortes de la explosión social tiene su origen en el feminismo porque es un vaso comunicante entre todas áreas. Chile llevaba años con protestas por la educación, la economía, el medio ambiente, y la condición de la mujer atraviesa a todas. Nosotras aportamos la fuerza para unificar las demandas.

Ahora empieza el proceso para crear una nueva Constitución.

La Constitución que aún nos rige fue creada por Pinochet. Durante muchos años la democracia chilena se ha regido por las reglas de la dictadura. Simbólicamente es un lastre autoritario y brutal.

Voyager habla del efecto controlador que tienen las memorias colectivas o históricas, sobre los procesos personales.

Un problema mundial es la forma en que las memorias oficiales sepultan a esas pequeñas narrativas que hablan de otros proyectos o realidades distintas. Es importante ubicar la disputa de las historias oficiales. La humanidad está viviendo un momento importante y hay que registrarlo. ¿Los gobiernos han tenido políticas para afrontar al virus? Sería un error no dejar un legado y normalizar lo que hoy nos parece un error. Es interesante aprender de la memoria y ser perspicaz de los relatos oficiales.

Sin embargo, parece que no aprendemos incluso como individuos. Hoy vemos gente que se manifiesta porque se niega a reconocer lo inédito del momento.

Esa reacción tiene mucho que ver con las políticas conservadoras contra el virus y cuyo foco es normalizar las economías de todos los territorios. Entiendo que los países también tienen que manejarse en términos económicos, pero hay que identificar las prioridades de los gobiernos. No terminamos de pensar lo que está ocurriendo. América Latina tuvo la oportunidad de ver su futuro en Europa y no importó. Al parecer cometeremos el mismo error y es ahí donde la ciudadanía tiene un papel fundamental. No podemos entregarnos a lo que nuestros gobernantes hacen. Hay que implicarse, proponer y exigir medidas.

¿Pero eso no implica caer en el debate que pone sobre la balanza lo económico y lo sanitario?

No se puede descuidar la economía, pero el tema es que la ciudadanía sigue muriendo. Me gustaría saber cómo alcanzar el equilibrio, pero no tengo la respuesta. Necesitamos aprender lógicas distintas de economía y ayuda. A los ciudadanos nos toca un papel esencial para pensar redes de sobrevivencia distintas. Nosotros a partir de la revuelta chilena, tejimos la posibilidad de crear otras lógicas para poder sostenernos. Por supuesto son intentos medio burdos, pero son lógicas que ofrecen materiales distintos porque nuestros gobernantes no están a la altura.

¿Cuál sería tu ideal de una nueva Constitución chilena?

Para mí es fundamental que sea escrita en clave feminista. Uno de nuestros grandes problemas es que tenemos un Estado subsidiario, es decir, solo se hace cargo de aquello en lo que no ha invertido la iniciativa privada. Por eso el mercado lo cubre todo y el gobierno es muy limitado. Quien no tiene dinero para ir a una clínica particular va a un hospital que se cae a pedazos. Necesitamos reposicionar al Estado como un ente garante de derechos como son la salud, la cultura, la educación o el transporte. Los derechos de género deben quedar establecidos y garantizados. Tendremos por primera vez una Asamblea Constitutiva paritaria: 50% hombres y 50% mujeres, eso no ha ocurrido en ningún país y me parece un ¡golazo! Ojalá las mujeres que entren ahí no estén ligadas al poder convencional, pero esa es otra batalla.

A partir de que eres una escritora que trabaja con la memoria, ¿ha cambiado tu relación con los recuerdos durante el confinamiento?

Sí y creo que ha sido una experiencia colectiva. Comenzamos a habitar una dimensión temporal distinta. Solemos ir rápido al futuro y tenemos la idea de controlarlo. A veces tenemos todo un año agendado. Ahora todo eso se desbarató. El pasado se ha hecho más presente y vivimos tiempos más porosos. Recordar es evaluar y de alguna manera eso se contrapone con el presente. Me inquieta mucho cómo vamos contar este encierro y la disputa por la memoria de la que hemos hablado. ¿Cómo contaremos las nuevas prácticas domésticas? ¿Cómo narraremos las lógicas de gobierno? En medio de todo eso la memoria es importante. Los recuerdos colectivos se construyen a partir de hoy. A lo mejor no nos toca a nosotros hacer el análisis más contundente de la pandemia, pero al menos podemos dejar un testimonio y un registro.

 

Tags: , , ,

Contenido relacionado