2020: Un año entre la pausa y la virtualidad cultural
La pandemia alcanzó a la cultura, pero en algunos casos la tecnología le dio la oportunidad de reinventarse, con ferias y actividades que pudieron migrar a plataformas digitales.
En momentos de incertidumbre, la cultura es un paliativo, un refugio para reflexionar, entender, expresarse o, incluso, evadirse. Sin embargo, frente a la pandemia de Covid-19, la cultura ha tenido dos grandes obstáculos: No se le considera actividad esencial y, en la mayoría de los casos, representa un riesgo por la aglomeración de personas.
De esta forma, en el 2020, museos, teatros, galerías, cines, librerías y espacios de concierto cerraron sus puertas; asimismo, festivales, fiestas populares, desfiles y hasta eventos religiosos fueron cancelados o cerrados al público, que debió acostumbrarse a participar y disfrutar la cultura a través de la tecnología.

Y, con la desaparición del Fonca y de Fidecine, este año los creadores también vieron reducidos los apoyos o, por lo menos, se enfrentaron a la duda de cómo funcionarán los nuevos esquemas prometidos para impulsar la creación.
Además, a pesar de la polémica y del reclamo de la comunidad cultural, nada hizo retroceder el decreto presidencial que ordenó terminar con todos los fideicomisos públicos, entre ellos Fidecine. El 24 de octubre, se votó en el Senado por la desaparición de 109 de ellos, lo que presuntamente representa un ahorro al erario de 68 mil millones de pesos.
El arte en pausa
A partir de marzo, la música, el cine, el teatro y la plástica se fueron cerrando al espectador, pues ante la pandemia cualquier congregación implica riesgo de contagio.
Con la primavera, llegaron las cancelaciones o cambios de fecha; el país comenzó a resentir los embates y a perder parte de la oferta artística programada, la agenda de festivales, conciertos, ferias, exposiciones y tradiciones se vino abajo.
En México, donde el primer paciente de Covid-19 fue diagnosticado el 28 de febrero, las medidas gubernamentales para abatir el riesgo de contagio comenzaron en marzo.
Los primeros “damnificados” fueron el Festival de Cine de Guadalajara, el Ambulante y la presentación del English National Ballet, en el Auditorio Nacional, con la participación del bailarín mexicano Isaac Hernández.
El 22 de marzo, Claudia Sheinbaum, jefa de Gobierno, informó el cierre de teatros, museos y cines, así como la prohibición de eventos masivos.
Mensaje importante de la #JefaDeGobierno sobre el Covid-19 hoy domingo 22 de marzo. pic.twitter.com/5RLy55TcYI
— Gobierno CDMX (@GobCDMX) March 23, 2020
En abril, incluso, fue cancelada al público la representación de la Pasión de Cristo en Iztapalapa, una tradición celebrada en Semana Santa desde 1843, declarada Patrimonio Intangible de la Ciudad de México desde 2012, en la que participan cerca de 4 mil personas y que atrae cada año a más de 2 millones de fieles. Con esas cifras, la escenificación representaba un gran riesgo de contagio masivo, por lo que se llevó a cabo sin público y fue transmitida por televisión.

Con el otoño, llegó el Festival Cervantino, que cada año atrae a miles de personas para admirar lo mejor de la escena internacional: teatro, música, danza y plástica. Sin embargo, la edición 48 de la Fiesta del Espíritu debió adaptarse a los tiempos también y, para evitar la propagación del virus, se realizó en el formato virtual; del 14 al 18 de octubre, las presentaciones artísticas, conferencias, clases magistrales y talleres fueron difundidos a través de plataformas digitales, redes sociales y televisión.

“La pandemia vivida a escala global abrió nuevas oportunidades para explorar formatos adaptados a nuestra realidad; no sólo trasladar las expresiones culturales a la pantalla, sino ajustar los recursos digitales a las necesidades de las expresiones artísticas y sus creadores”, afirmó durante el anuncio Mariana Aymerich Ordóñez, directora general del festival.

Después de cinco meses de inactividad, comenzaron en la CDMX las paulatinas reaperturas de los recintos culturales, con las medidas sanitarias pertinentes y un aforo reducido.
Sin embargo, el 13 de diciembre, ante el incremento en los contagios y la saturación hospitalaria, de nuevo fueron cerrados los museos para reducir el flujo de personas y aglomeraciones, sobre todo en el Centro Histórico.
Finalmente, el sábado 19 de diciembre, la Zona Metropolitana del Valle de México regresó al semáforo rojo, que implica un cierre generalizado hasta el 10 de enero.
No obstante, frente a la pausa, en los últimos meses, la cultura se reinventó gracias a la tecnología, con recorridos en línea para admirar el acervo de los museos y una serie de festivales, conciertos, funciones de cine y representaciones teatrales a través de plataformas digitales, el streaming no sólo como una forma de llegar al público, sino también de mantener las fuentes de empleo y de capitalizarse.

Además, para facilitar a la población un encuentro con el arte, la Secretaría de Cultura desarrolló un espacio digital y de libre acceso, Contigo en la distancia, con paseos virtuales por museos y zonas arqueológicas, así como el acceso a películas, libros, conciertos, conferencias, documentales, espectáculos y obras de teatro, audios y aplicaciones. Una forma también de apoyar a los creadores.
El golpe a la industria editorial
En México, este ha sido uno de los peores años para el mercado editorial, pues se estima que con la pandemia dejaron de venderse por lo menos 25 millones de libros y las pérdidas ascienden, en la visión más optimista, a 2 mil 329 millones de pesos, según la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (CANIEM).
Estas cifras comprenden libros escolares, infantiles y juveniles, religiosos, de literatura y ficción, y los de salud y desarrollo personal, de acuerdo con un informe dado a conocer en la reciente Feria Internacional del Libro de Guadalajara por la CANIEM.

Antes de la pandemia, se estimaba una venta de 11 mil 126 millones de pesos, una reducción de apenas 1 por ciento respecto al año anterior, explicó en la FIL el coordinador de la Comisión Estadística de la CANIEM, Ignacio Uribe Ferrari.
“Estimamos que la facturación neta de libros impresos sea de 8 mil 797 millones de pesos en el escenario más optimista, lo que significa una reducción de 22 por ciento; y en el escenario más pesimista, de menos 29 por ciento (respecto a 2019). Es decir, habríamos dejado de facturar 2 mil 329 millones de pesos en el escenario positivo y 3 mil 662 millones en el negativo”, detalló.
Por la cuarentena, se estima que el año cerrará con una venta de 99 millones de libros, mientras que antes de la contingencia el cálculo era de 124 millones de ejemplares.
El año pasado, la industria editorial privada vendió 123 millones de ejemplares y facturó 11 mil 234 millones de pesos, con un precio promedio por ejemplar de 91 pesos.

Es preciso aclarar que, en estos números millonarios de venta de libros, están contemplados cerca de 50 millones de libros escolares.
Los libros de texto gratuitos de secundaria representan 29 millones de ejemplares (comprados por el gobierno), y los de educación básica a mercado abierto alcanzan los 18.9 millones. Aunque en volumen ocupa gran parte de la producción, en facturación es apenas el 11 por ciento, pues son libros con un precio preferente.
El informe especifica que el subcanal más importante para la venta de libros son las librerías, donde se vende 39 por ciento, más de un tercio de la comercialización abierta, pero estuvieron cerradas gran parte del año por tratarse de comercios no esenciales. Y, en diciembre, con la reactivación del semáforo rojo, la venta navideña también se vio impactada.
Ferias libreras: el pabellón virtual
Uno de los grandes canales de acercamiento entre el libro y los lectores son las ferias, pero este año el Covid-19 también les cerró el paso.
Entre las ferias libreras más importantes del país, la única que se salvó fue la de Minería, pues se realizó del 20 de febrero al 3 de marzo, antes de que la OMS declarara la pandemia.

Aunque al principio los organizadores de las ferias confiaban en que para el otoño la pandemia estaría controlada, finalmente decidieron migrar a la modalidad virtual para llevar a cabo los encuentros libreros.
La primera fue la Feria del Zócalo, del 9 al 18 de octubre, a través de la plataforma filzocalo.cdmx.gob.mx y de las redes sociales de la Brigada para Leer en Libertad y la Secretaría de Cultura capitalina. Además, se impulsaron cuatro plataformas para la venta de libros: FIL del Zócalo, FCE, Educal y Siglo XXI Editores.
La siguiente en trasladarse a Internet fue la Feria Internacional del Libro de Oaxaca (FILO), que también cerró su edición 2020 con números positivos. Realizada del 17 al 30 de octubre y difundida por Facebook, YouTube, Zoom y con un Marketplace, tuvo más de 30 mil asistentes en tiempo real y sus actividades rebasaron las 800 mil reproducciones.
Finalmente, la FIL de Guadalajara también anunció que realizaría una edición especial en línea. En este formato, la feria tapatía fue “visitada” por 21 millones 57 mil 924 personas, quienes desde 84 países se conectaron entre el 28 de noviembre y el 6 de diciembre a través de la página web, YouTube, redes sociales y medios públicos de México, América Latina y Europa. La feria realizó 406 transmisiones, con la participación de 811 ponentes de 46 países.
En el Catálogo y el Mercado de Libros, iniciativas con las que se buscó apoyar a los editores que habitualmente participan en la FIL, se contó con la participación de mil 045 editoriales y librerías de 140 ciudades en 24 países, con una oferta de más de 9 millones de títulos. El Mercado del Libro en la página web de la FIL recibió alrededor de 50 mil visitas.
Raúl Padilla López, presidente de la FIL, señaló que en 2019 la feria fue visitada por 828 mil personas, de las cuales 110 mil ingresaron a las actividades en los salones. Pero en la versión virtual fueron más de 20 millones quienes se conectaron y 5 millones 580 mil 601 los que acudieron directamente a las actividades.
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El fin de año llegó con un nuevo golpe: el semáforo epidemiológico nuevamente en rojo, lo que conlleva el cierre de actividades culturales, museos, cines y librerías hasta el 10 de enero… por lo menos.


